Virgen de El Rosario

 Efrén Sarango

Las nubes de algodón en las alturas

se rinden presurosas a tus plantas.

El pueblo con la hiel y desventuras

te cantan sus eternas amarguras

y rozan con tu piel sus manos santas.

Arribas en un mar de corazones

y pechos temblorosos por el frío.

Tu pueblo apoyado en sus bastones

avanzan al compás de los ciclones,

bebiéndose las gotas del rocío.

La masa con el pecho descubierto

recibe, madre Santa, las auroras.

Palomas con sus picos bien abiertos

derraman sin causarnos desconcierto

tus lágrimas en gotas bienhechoras.

Los vientos enmudecen a su paso

haciendo reverencias con su frente.

Estrellas diminutas del ocaso

se posan en tu límpido regazo

dejando divagar la paz ardiente.

Las calles de mi Zumba se agigantan

y forman un tapete de cemento.

Las aves nos transmiten cuando cantan

los trémulos destellos que levantan

tus ropas de copioso firmamento.

Regálanos tu tiara refulgente

y cúbrenos de vida a toda hora.

¡Devuélvenos la fe en forma urgente!

¡Permítenos amarte ciegamente!

¡Socorre nuestra alma pecadora!

El pueblo de esta tierra bendecida

en coro te cantamos alabanzas.

Señora portentosa, las heridas,

que llagan nuestras noches percudidas,

reclaman tus poderes y esperanzas.