Santiago Armijos Valdivieso
No es nada nuevo decir que el viaje Loja-Catamayo-Loja es de alto riesgo. Sus dos carriles son insuficientes para el intenso tráfico que deben soportar. A ello se suma el incesante paso de pesadas plataformas que, en caravana y a paso de tortuga, vienen desde Zamora rumbo a Puerto Bolívar. Por si esto fuera poco, la señalización es casi inexistente y el deterioro de la capa asfáltica es notorio. Tan difícil es el trayecto que sus escasos 34 kilómetros se recorren en aproximadamente una hora, y a veces en más.
Todo ello se ha soportado estoicamente, pero ahora se suma un problema realmente impresentable que se ha convertido en un auténtico cuello de botella: el agravamiento del hundimiento en el sector El Plateado, muy cerca de la antigua caseta de control de tráfico, que, dicho sea de paso, forma parte del paisaje de la carretera desde hace años. El problema es de tal magnitud que los numerosos vehículos deben arrastrarse por una suerte de lomos de camello de barro y tierra que ponen a dura prueba a conductores, amortiguadores y ejes. Por otro lado, el aspecto que ofrece a locales y visitantes es deprimente, propio de los sitios abandonados por el hombre y por sus autoridades.
Paradójicamente, esto sucede cuando estamos a las puertas del Festival Internacional de Artes Vivas 2026, y las autoridades locales promocionan el evento e invitan a todos los ecuatorianos a darse cita en Loja.
Imaginemos la pésima impresión que se llevarán los visitantes al entrar por primera vez a la ciudad de Mercadillo. Por ello, esto debe resolverse de inmediato, lo cual no es mucho pedir, pues hablamos de unos pocos metros de carretera. Al menos con eso nos consolaríamos los lojanos, resignados a no tener cuatro carriles en el más importante corredor vial de la provincia.
Algunos dirán que el problema se debe a que allí existe una falla geológica, lo cual es cierto; pero no es menos cierto que la técnica constructiva, la maquinaria, los materiales adecuados y la pericia de los ingenieros están, a estas alturas de la civilización, muy avanzados. Por lo tanto, el problema es plenamente solucionable, claro está, si existe la voluntad de las autoridades que deben destinar los recursos para ello.
Ojalá así sea, por el bien de Loja y de todos. De lo contrario, además de resignarnos a no tener cuatro carriles en la vía, tendremos que soportar este jurásico tramo de herradura.
