Campos Ortega Romero
A propósito de la celebración del día Internacional de la Medicina Tradicional, recordamos que se realiza cada 22 de octubre fecha establecida en 1991 por la Organización Mundial de la Salud —OMS— para reconocer la importancia de esta práctica, a pesar de la percepción de que la medicina natural podría estar desfasada, los estudiosos de la medicina destacan que esta forma de atención médica considera la integralidad del ser humano, abordando el cuerpo, la mente y el espíritu.
La importancia de la medicina tradicional, señalan los galenos es fundamental porque ofrece atención primaria de salud a millones de personas, aporta las bases científicas para el desarrollo de nuevos fármacos y protege el patrimonio cultural de los pueblos originarios. Entre el 40% y el 90% de la población mundial utiliza prácticas de medicina tradicional o complementaria, siendo un recurso vital en zonas rurales por la carencia de servicios médicos convencionales.
La Medicina tradicional, indican los estudiosos, constituye la base para la farmacología moderna: cerca del 40% de los productos farmacéuticos actuales derivan de elementos naturales, los fármacos esenciales como la aspirina (derivada de la corteza del sauce) o la píldora anticonceptiva (a partir de la raíz del ñame silvestre) nacieron de este conocimiento, suscitando una visión integral que equilibra los aspectos físicos, mentales, espirituales y sociales de la persona, en lugar de enfocarse únicamente en los síntomas.
Los principales actores y sanadores de la medicina tradicional en nuestro país, constituyen los: Yachacs y chamanes: líderes espirituales y curanderos que manejan rituales de limpia y armonización energética. Sobadores: especialistas en el tratamiento de dolencias musculares, huesos y articulaciones. Parteras y parteros ancestrales: acompañan el embarazo, el parto (incluyendo el parto vertical o intercultural) y el puerperio. El Ministerio de Salud Pública del Ecuador ha legitimado a más de 1.500 parteras en el país para articular sus saberes con el sistema de salud oficial, los Curanderos: tratan enfermedades culturales o tradicionales.
Los estudiosos y médicos de la medicina ancestral atienden dolencias físicas y padecimientos de origen emocional o espiritual, tales como: El espanto y el mal aire: desequilibrios energéticos o sustos fuertes que afectan el ánimo y la salud, malestares digestivos y respiratorios: tratados mediante infusiones y cataplasmas.
Las plantas medicinales más utilizadas son: manzanilla y toronjil para la relajación y problemas digestivos, Matico, utilizado en afecciones gastrointestinales y cicatrización, el Ataco: empleado por sus propiedades reguladoras y de control de lípidos, Eucalipto y Menta: para padecimientos de las vías respiratorias.
Los doctores en medicina: Plutarco Naranjo y Ruperto Escaleras señalan que: La medicina tradicional en Ecuador, al igual que en otros países andinos, no es una antigualla. Si bien sus raíces pertenecen a un pasado de más de 10 mil años, su vigencia ha continuado a lo largo de cinco siglos de regímenes coloniales y republicanos. Dicha permanencia ha sido sostenida por los pueblos de más bajos recursos: indios, mestizos, montuvios y campesinos, quienes han encontrado en la medicina tradicional una alternativa menos costosa y más coherente con su cosmovisión.
La doctora Tatiana Mosquera, señala que: los conocimientos ancestrales y actuales del Ecuador brindan una amplia variedad de tratamientos para la prevención de la curación de la piel, señalando que es evidente la necesidad de reforzar con estudios estos saberes ancestrales, en beneficio de toda la colectividad. Así sea.
