Geografía del alma lojana

Efrén Sarango Palacios 

Nacer y habitar entre estas montañas

es aprender a mirar el mundo desde la altura.

La cordillera no es solo una pared de piedra,

sino la estructura que sostiene nuestra historia.

En el Villonaco

el viento constante limpia el horizonte

y despeja la mirada,

mientras la neblina del Podocarpus

abraza el bosque denso en un silencio antiguo.

Allá en lo alto,

las lagunas del Compadre

descansan como espejos de agua pura,

y reflejan un cielo limpio

antes de dar vida al Zamora y del Malacatos.

El paisaje lojano se mueve entre contrastes serenos:

la tibieza apacible de Vilcabamba,

donde las horas parecen caminar más despacio,

y el milagro dorado de los guayacanes

que transforman la seca sabana

en un manto de luz.

Caminar por estos valles

y subir por las pendientes

deja una huella profunda: