Efraín Borrero Espinosa
Las hazañas internacionales de nuestra entrañable Liga Deportiva Universitaria de Loja se recuerdan en el fútbol sudamericano como verdaderas gestas de David contra Goliat. Con un presupuesto modesto, un plantel de hombres sencillos y llevando sobre los hombros el nombre de una provincia tradicionalmente alejada de los grandes focos deportivos, «La Garra del Oso» rugió con una fuerza arrolladora que se quedó a vivir para siempre en el alma de los lojanos.
Nos cuesta creer, y a la vez nos llena el pecho de orgullo, lo ocurrido en aquellas dos campañas memorables y consecutivas de 2012 y 2013 en la Copa Sudamericana, cuando dejamos en el camino al histórico Nacional de Uruguay – uno de los clubes más laureados de nuestro continente – al vencerlo con un vibrante 1-2 en el mismísimo y mítico Estadio Centenario. Tampoco nos achicamos cuando en octavos de final nos tocó medirnos al poderoso São Paulo de Brasil. En nuestro fortín del Reina del Cisne les plantamos cara con un 1-1 y sellamos un histórico 0-0 en el legendario Estadio Morumbí. Nos fuimos invictos de suelo extranjero, eliminados únicamente por esa caprichosa regla del gol de visitante que regía entonces.
Al año siguiente, tras dejar en el camino a Deportivo Lara y a Nacional de Paraguay, enfrentamos a otro coloso del continente: el River Plate de Argentina. Aquel 19 de septiembre, con un Estadio Reina del Cisne abarrotado hasta la bandera y latiendo en un solo corazón, derrotamos 2-1 a la escuadra millonaria. Y aunque en el partido de vuelta en el Monumental de Buenos Aires caímos 2-0, quedándonos fuera por un global de 3-2, nadie nos quitará el orgullo de haber puesto de rodillas a uno de los clubes más grandes del mundo.
Tampoco nos quitarán la satisfacción de haber vencido en su pleno apogeo al Rey de Copas del Ecuador (Liga Deportiva Universitaria de Quito), por tres goles a dos, el sábado 17 de septiembre de 2011, en un vibrante partido disputado en el Estadio Federativo Reina del Cisne ante más de 8,000 espectadores.
Hoy, al volver la mirada atrás, estas hazañas nos parecen un hermoso sueño del que no desearíamos despertar, porque aquellas jornadas marcaron la época de oro de nuestro balompié; una gloria forjada a base de coraje, fe y de ese pundonor indomable que, a lo largo del tiempo, ha sido la verdadera marca de identidad de nuestra gente lojana.
La historia de Liga Deportiva Universitaria de Loja se remonta al año 1957, siendo rector de la Universidad Nacional de Loja el ilustre jurista y maestro, Juan Francisco Ontaneda, quien conoció que en la Escuela de Medicina Veterinaria creada como parte de la Facultad de Ciencias el 13 de octubre de 1950, había estudiantes con magníficas aptitudes deportivas en el campo futbolístico, lo cual alentó su entusiasmo para crear y promover un equipo de fútbol amateur.
Ilusionado con esa posibilidad compartió la iniciativa a su vicerrector, Eduardo Unda Bustamante, un ingeniero y docente de la Facultad de Ciencias, quien también sabía que en toda la Facultad había estudiantes deportistas que en su mayoría militaron en la Liga
Deportiva Bernardina, cuando estudiantes del Colegio Bernardo Valdivieso, que era el bastión deportivo de Loja.
Ontaneda y Unda pusieron todo su empeño para hacer realidad ese loable propósito y asumieron el rol de dirigentes. Consideraron que el impecable uniforme blanco era el apropiado para representar a la universidad. Debidamente asesorados hicieron la selección de la planta de jugadores, la misma que quedó conformada por los siguientes estudiantes: Carlos Loján, Saúl Muñoz, Augusto Witt, Carlos Orellana, Vicente Banda, Guillermo Ayora, Edgar Jaramillo, Gustavo Samaniego, Gonzalo Moya, Gonzalo Abad y Maciel Ochoa. Hasta 1960 se incluyeron otros jugadores como Arturo Briceño, Antonio Jaramillo, Eduardo Garrido, Antonio Maldonado, Eduardo Sempértegui y Edgar Cevallos.
Sobre Gonzalo Moya, querido y recordado “guaytambo”, como se llama afectuosamente a los hermanos tungurahuenses, Gustavo Samaniego me dijo que fue el más destacado jugador en la cancha, además de haber sido el mejor egresado de la Escuela de Medicina Veterinaria, y haberse prestigiado como entomólogo en Brasil, donde fijó su residencia. Recuerda cómo asomó por estos lares con su guitarra al hombro y los primeros momentos de su estancia en Loja, así como el matrimonio que contrajo con una bella y espiritual dama lojana trágicamente fallecida en Brasil.
Recuerdo a la Liga de Loja llenar el modesto Estadio Municipal con los cientos de aficionados que impajaritablemente acudíamos para disfrutar del juego mágico de Gustavo Samaniego, Gonzalo Moya y demás jugadores. Los triunfos sumaban uno por uno.
Lo que vino después de 1960 hasta 1979 —año en que la Liga de Loja se convirtió en club profesional— y desde allí hasta su inesperada desaparición, es una historia que muchos vivimos en carne propia. Ese equipo estaba profundamente arraigado a nuestra identidad y querencia, ya que gran parte de nosotros estuvimos vinculados a la Universidad Nacional de Loja
Esa querencia y el amor por Loja nos motivó, en su momento, a promover el apoyo para que Petroecuador, bajo la marca de Aceites y lubricantes “Petroil” de Petrocomercial, auspiciara a Liga Deportiva Universitaria de Loja, siendo presidente del club el Ing. Vicente Gahona Pacheco.
A la Liga de Loja se la conocía como la ‘Garra del Oso’, un seudónimo deportivo que caló hondamente en nuestro espíritu de lojanidad. Imposible olvidar el frenesí de los relatores locales, que con el alma en un hilo y los pulmones al límite convertían el grito de gol en un himno de guerra que encendía nuestro orgullo.
El icónico apodo de «La Garra del Oso» tiene su origen en el oso de anteojos, una especie nativa caracterizada por tener garras muy poderosas, largas y curvas que habita en el callejón interandino y en los bosques nublados del sur de Ecuador, en donde está situado nuestro emblemático Parque Nacional Podocarpus; por lo mismo, es un símbolo natural de Loja.
En el argot del fútbol, la palabra «garra» define el coraje, el pundonor, la entrega incondicional y el temperamento de un equipo que no se rinde jamás, especialmente frente a rivales considerados poderosos. Al unir el símbolo natural de Loja con el espíritu combativo de sus jugadores, la hinchada y la barra brava del club Liga Deportiva Universitaria de Loja, bautizó al equipo como “La Garra del Oso”, que además define la garra, fuerza y coraje del lojano.
Aunque penosamente el equipo de fútbol desapareció – y sabrá Dios por qué motivo -, el oso de anteojos supervivió como mascota de la Universidad Nacional de Loja. La fuente que relata explícitamente la historia del oso de anteojos como símbolo o mascota vinculada a la Universidad Nacional de Loja (UNL) desde 1979, es el artículo científico “El Oso Andino: ciencia, mito y emblema de identidad de la Universidad Nacional de Loja, Ecuador”, de Nikolay Aguirre y Tania Salinas Ramos.
En los canales digitales de la universidad se han publicado videos y comunicados en los que se especifica textualmente: «El oso de anteojos es el legado de Liga Deportiva Universitaria de Loja y de las barras de la ‘garra del oso”. Así mismo, en revistas de la UNL se analiza este vínculo cultural y biológico y se explica formalmente cómo la imagen del oso de anteojos pasó de la biodiversidad local a moldear la identidad deportiva y académica de la institución.
Posteriormente, la universidad formalizó el lanzamiento oficial de la mascota “Manu”, detallando que es ese mismo oso andino y que el nombre se eligió como un homenaje a Manuel Carrión Pinzano, fundador de ese establecimiento de educación superior.
Hoy, al volver la mirada hacia aquellas tardes y noches de gloria en el Reina del Cisne, comprendemos que la mítica “Garra del Oso” no fue solo un membrete deportivo; fue, es y será una parte indisoluble de nuestra identidad. Aunque el tiempo pase y la nostalgia nos asalte al evocar a ese entrañable equipo que tanto añoramos y que unió a generaciones bajo un mismo grito, su rugido perdura en la memoria colectiva.
La historia del fútbol en nuestra provincia sigue viva y hoy nos convoca de nuevo. Loja vuelve a latir con fuerza en el balompié profesional gracias al Libertad Fútbol Club, nuestro digno representante en la máxima categoría. Este nuevo proyecto deportivo lleva sobre sus hombros la enorme responsabilidad de mantener encendida la antorcha del fútbol lojano en el país.
Es momento de abrazar el presente con la misma pasión de ayer. Al Libertad F.C. hay que alentarlo y, sobre todo, hay que apoyarlo incondicionalmente en cada batalla dentro de la cancha, más aún que en los últimos encuentros futbolísticos está brillando con luz propia y demostrando el pundonor deportivo que lleva consigo una garra heredada.
Apoyar al equipo naranja es honrar la herencia de los que nos hicieron grandes y demostrarle al Ecuador entero que, sin importar el nombre o los colores, el coraje y la estirpe de la Garra del Oso jamás dejarán de rugir.
