Juan Luna
Las elecciones seccionales de 2026 representan una oportunidad para que nuestro cantón vuelva, continúe o resurja. Con la inscripción de los candidatos para las distintas dignidades, los ciudadanos tenemos el deber y la oportunidad de conocer, escuchar, valorar y discernir.
Por deber moral y respetando los procesos de primarias los partidos, movimientos y alianzas políticas debieron seleccionar democráticamente a sus mejores cuadros. Es responsabilidad estricta de las organizaciones políticas escudriñar sujetos políticos con formación, capacidad, madurez ética y emocional, así como con un compromiso real hacia el desarrollo integral del cantón: económico, social y ambiental.
Por lo tanto, el candidato que hoy figura en la papeleta y a quien consignaremos nuestro voto debe ser el resultado de un análisis riguroso sobre su origen, historia personal, vocación política, principios y valores. Son estas cualidades las que orientarán su estilo de gobierno: para la gente y para el territorio.
La vocación política implica asumir una candidatura con la preparación necesaria para escuchar, conversar y debatir; no solo entre candidatos o con los medios de comunicación, sino, fundamentalmente, con el ciudadano común: agricultores, profesionales, emprendedores, amas de casa, jóvenes y deportistas. Son ellos quienes delegan la responsabilidad de dirigir el cantón con transparencia, eficiencia y rendición de cuentas.
Asimismo, el compromiso democrático exige comprender y consensuar la realidad, reconocer las diferencias, incorporar intereses contrapuestos y construir respuestas colectivas a los problemas sociales. Gobernar no es vender ilusiones, sino partir de las condiciones reales de vida de los vecinos para transformarlas con decisiones firmes.
El servicio se ejerce mediante una planificación rigurosa que conecta las necesidades ciudadanas con compromisos verificables, presupuestos, ejecución y resultados. No debemos olvidar que la Constitución del Ecuador (2008), en sus artículos 95 y 100, establece la participación protagónica de la ciudadanía en los asuntos públicos y en la planificación; mientras que el artículo 227 determina que la administración pública se rige, entre otros, por los principios de eficacia, eficiencia, transparencia y evaluación.
Para hacer resurgir a Quilanga es indispensable conocer sus cifras: un decrecimiento demográfico en relación con el censo del 2010 y un marcado déficit en servicios básicos de alcantarillado y agua potable. Además, aunque el sector primario (agricultura y ganadería) aporta más del 52% al Valor Agregado Bruto (VAB) local —siendo la producción de café de alta calidad uno de sus principales dinamizadores—, el elevado índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) refleja una realidad de pobreza que debe corregirse.
Hacer resurgir a Quilanga exige hombres y mujeres con convicción política sustentada en la capacidad y la ética, acompañados de un compromiso democrático que garantice la transparencia, la rendición de cuentas, el cumplimiento de la planificación y la reducción efectiva de la pobreza local.
