Fuego y memoria en la mesa lojana

Efrén Sarango

Probar esta tierra

es beber la luz oculta en sus surcos,

es descifrar el esquivo humo del fogón

cuyo barro guarda la memoria.

El repe es un abrazo de tierno verdor,

la caricia suave

del guineo y el quesillo

devuelve a la infancia

el sabor humilde y sagrado de la casa.

Sobre las brasas ardientes,

la cecina dora su piel al fuego,

y comulga con la madera

y su sendero antiguo.

La hoja de achira

desdobla en silencio sus verdes secretos

y entrega el perfume secreto del tamal

en la tarde de fiesta,

mientras la arveja con guineo

sostienen la fuerza de la jornada.

La chanfaina

reúne las voces queridas

alrededor de la mesa compartida.

Cuando el sol declina sobre el perfil de la cordillera,

sube el aroma denso

y profundo del café lojano;

una gota de sombra y calor perfuma el aire.

La humita tibia

guarda en su pecho el dulzor del maíz.

Porque la lojanidad

no solo se contempla en el horizonte de los cerros:

se saborea despacio en el plato,

…es el afecto hecho alimento,

la poesía diaria que se cocina con paciencia

y se sirve con el alma.