Elecciones: volvemos al pasado o caminamos con la estrella

La historia registra el adelanto o retroceso de los pueblos, sus logros sus sueños los sucesos políticos de años anteriores de la década de los noventas. Escenario del feriado bancario acción política de despojo de dineros de nuestro pueblo, los sueños e ilusiones de una vida mejor es decir usurpación de todo, incluida la confianza, la utopía y la fe en el futuro, por parte de la derecha política de nuestros país y que hoy pretende llegar nuevamente al poder, consideramos que el presente es el tiempo en el que podemos dar los golpes de timón, rectificando y construyendo. Si ya nos han despojado de tanto no permitamos que nos desarraiguen la esperanza ni la alegría de vivir, por aquello que somos un país tristemente alegre.

Organizarnos, para comenzar a vencer implica preguntarnos cómo hemos contribuido al despojo del que hemos sido sujetos. Y sí, es evidente que tenemos parte de la responsabilidad, porque muchas veces nos hemos limitado a pedir y esperar, haciendo poco para colaborar en el mejoramiento del país. O quizá lo más grave muchas veces hemos guardado silencio cuando nos correspondía hablar claro y hasta gritar. Hemos sido demasiados complacientes y pasivos, tanto que nos han creído idiotas, y por ello han echado sobre nuestras espaldas toneladas de abuso y desprecio. Hemos sido de sobra ingenuos para creer en pie juntillas en los seudo-redentores, en milagreros mediocres que nos han deslumbrado con maromas y discursos. Es el tiempo de decir no a sus aspiraciones de odio y rencor porque sencillamente organizarse es comenzar a vencer al desencanto al saber que atrás han quedado las propagandas y eslóganes de campaña de yo te ofrezco busca quien te dé, les recordamos hoy por ejemplo, un candidato a la presidencia manifiesta a viva voz: “en mi gobierno la educación y salud será gratuita para todos los ecuatorianos”, antes le apostaba a la educación y salud particular.

Organizarnos significa entender que somos la mayoría, entender que somos millones, que podemos tomarnos plazas y calles en rebeldía creadora, sin violencia, sin denigrar ni herir la honra de nadie, sin romper vidrieras ni incendiar automóviles. Somos mayoría, necesitamos hacer que nos respeten, que se escuchen nuestras voces, que se sientan nuestros pasos disconformes y libres, que se note a la distancia nuestras frentes dignas, nuestras cabezas erguidas marchando con la mirada al sol, con la piel al viento, enarbolando y para siempre la bandera de la dignidad y la esperanza, respeto a los mujeres, hombres y sobre todo a los jóvenes y niños que demandan una educación gratuita y de calidad, atención medica y eficaz para todos los ecuatorianos que vivimos en nuestro querido país.

La esperanza no es sino un estado de ánimo mediante el cual se nos presenta como posible lo que deseamos y por eso abusamos de ese estado. ¡Cómo no hacerlo! La vida no es un jardín de rosas y si no soñamos en lo que no puede ser, definitivamente jamás lo será. Claro está nos referimos a soñar con los pies en la tierra y los ojos abiertos. Es decir que no basta poner el dedo en la llaga, sino qué hacemos para que la llaga no crezca o desaparezca, por el bien de todos.

Por regla general, son los momentos de crisis los que desencadenan sentimientos esperanzadores. A pocos días del proceso electoral, claramente se puede confirmar aquello de que la esperanza es lo último que se pierde. Las elecciones nos han dejado muchas lecciones y enseñanzas de que el pueblo o la mayoría de él es el gestor del cambio, recordamos la sentencia de Aristóteles: “Lo que sea que aprendemos, lo aprendemos haciendo; nos convertimos en constructores, construyendo, nos volvemos hombres justos, haciendo obras justas, al realizar actos de autocontrol, nos convertimos en personas de autocontrol, y al realizar actos valientes nos convertimos en seres valientes” Por ello su voto es decidor en la segunda vuelta electoral, volvemos al pasado o caminamos con la estrella, usted tiene la palabra. Así sea.