Venezuela, sin remedio a la vista

Santiago Armijos Valdivieso

Al igual que lo han hecho varias democracias del mundo, el presidente Daniel Noboa Azín ha reaccionado correctamente al criticar, frontalmente y sin ambages, la burda decisión, del secuestrado Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, de inhabilitar a la valiente política de oposición  María Corina Machado para participar en los comicios presidenciales venezolanos hasta el año 2036, en grosero irrespeto a los acuerdos de Barbados, suscrito entre la dictadura venezolana y la oposición, dizque para facilitar la celebración de elecciones democráticas y transparentes.

Desde hace rato, la grave situación de Venezuela dejó de ser un problema exclusivo de los venezolanos y pasó a ser preocupación del globo terráqueo, y especialmente de Sudamérica, dado los millones de migrantes llaneros que desesperadamente siguen huyendo de la impresentable dictadura de Nicolás Maduro.

Esto es tan cierto, que solo en nuestra ciudad de Loja, tristemente se observa a decenas de venezolanos que mendigan en las aceras y junto a los semáforos de las esquinas; muchos de ellos, con tiernas criaturas en sus brazos, suplicando por alguna moneda o por un mendrugo.

Paradójicamente, esta desgracia acontece con los hijos de la Nación más rica de Sudamérica, gracias a la inmensa cantidad de recursos naturales que dispone, a la que en la década de los ochenta había que obtener Visa para visitarla y era el sueño sudamericano de modernidad y progreso.

Penosamente, la captura del gobierno por parte del Chavismo-Madurismo, desde 1999 hasta hoy, que supuestamente llegó para solucionar los problemas y corruptelas de Venezuela, lo único que hizo fue instaurar una despiadada dictadura que dinamitó en poco tiempo la economía y la democracia del país, eliminando todo resquicio de oposición e iniciativa privada, bajo al estandarte del estatismo, la expropiación, la patada y el garrote, con el apoyo cómplice de los fusiles de los militares venezolanos.

Cada vez hay menos voces que atribuyen la debacle económica venezolana a las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea, dado que a estas alturas resulta injustificable defender la incapacidad del dictador Maduro y sus acólitos, al momento de dirigir de facto el país.

Todo ello, ante la angustia e impotencia de todo un pueblo que no puede superar la pesadilla por el miedo a las armas y a las balas.

¿Qué le queda a Venezuela? Casi nada. ¿Qué pueden hacer los venezolanos? Seguir luchando por retornar a la democracia y pedir a la comunidad internacional mayor presión para que la tiranía caiga.

Qué bien ha hecho el Ecuador y el presidente Noboa al ponerse del lado de la democracia y en contra de las dictaduras del continente.

 ¡Esa es la posición diplomática correcta!