Respetar las señales de tránsito y los límites de velocidad

Campos Ortega Romero

campolin2010@hotmail.com

Manifestamos el dolor e impotencia que nos causó ser testigos de la muerte de un niño en flor de vida, en esta encrucijada, una vez más la parca, se constituyó en un vehículo particular y su conductor en estado de embriaguez, sumado a ello una serie de accidentes, en la ciudad. Si la muerte violenta está en todas partes, transita por las calles, nos saluda cuando se cruza con nosotros, quizá tiene nuestros rostros al mirarnos en el espejo. Nos da ganas de pensar que la muerte, en nuestro país y en la Loja, está agazapada en la misma estructura social; es el fruto de la sociedad que hemos creado, engendro o derivación de un sistema que se ha formado paulatinamente durante décadas, basado en el individualismo, indolencia e irresponsabilidad.

Desidia e incapacidad, cuando no se respetan los semáforos, curiosamente por algunos profesionales del volante especialmente de los taxis de servicio. Hay quienes afirman que los semáforos son para violarlos, se agrava la situación, si se suma a esta infracción de tránsito la de conducir en estado de excitación producida por el alcohol. Por demás recordar que el conductor embriagado de taxi de servicio, debe y tiene que responder penalmente las lesiones o muertes que cause en el estado mencionado.  

El código de transito fija límites de velocidad. En la ciudad no puede ser superior a 60 kilómetros por hora. Hay casos en los que, por congestión, estado del tiempo, actividades públicas, la velocidad deben disminuir a 30 kilómetros por hora. Sin embargo, los conductores de los “vehículos de papi”, con pasajeros a bordo, sobrepasan el límite permitido, hiriendo a personas sin importarles su edad, niños, ancianos, hombres y mujeres, e irrespetando las señales de tránsito.

Es hora de reflexionar sobre estas acciones que a nada bueno nos conducen, el individualismo, como producto de la alienación cultural nos ha vuelto indolentes y con ello la sociedad se ha degradado tanto sumergiéndola en anti-valores, para confundir la libertad en libertinaje, donde se desconoce la responsabilidad en todos y cada uno de nosotros y lo que es más el respeto a la vida.

Entendemos que el pito se constituye en una ayuda ocasional, pero se utiliza para perturbar la tranquilidad ciudadana y como freno cuando alguien se pasa imprudentemente la vía. En vez de frenar se pita o se acelera el carro y el genio, para insultar al indefenso peatón.  

En verdad la irresponsabilidad de los sucesos comentados es responsabilidad de todos, sean o no profesionales del volante, ¿se ha fijado alguna vez cómo conduce la gente, especialmente en las entradas de los colegios, sean fiscales, religiosos y particulares? Para qué fijarse si lo vemos, lo sentimos a diario. Mientras más temprano en la mañana es peor porque los atrasados manejan como si fuese el jefe quien está detrás de ellos. Y un buen número de mujeres que creen tener habilidades de pulpos, mientras conducen el auto, también van acicalándose. En fin, hay de todo al volante y ahora que los celulares andan de moda hay quienes pierden la noción del peligro.

Lo cierto es que la mayoría de los accidentes se realizan por la irresponsabilidad de los conductores, sabemos perfectamente que las leyes se hicieron para cumplirse, pero en nuestro país no acontece lo que debería ser. Poco o nada importa las leyes o las sanciones, pues los conductores hacen caso omiso de ellas con consecuencias graves para la comunidad.

Sin embargo, insistimos que la responsabilidad es de todos nosotros, en exigirnos y exigir cumplir con las normas y leyes de convivencia, para hacer una vida más llevadera y digna. Qué miedo provoca el pensar que hay demasiadas personas que no se sienten también culpables; demasiadas que miran las cosas desde lejos, ajenas a la misma sociedad que quizá contribuyeron a formar.

Recordamos la lectura de un vademécum del conductor preventivo que señala: Prudencia: La prudencia es una característica vital al volante, pues esta evitará cometer errores que conduzcan a un accidente de tránsito, con consecuencias graves para todos los actores de la vía. Respetar las señales de tránsito y los límites de velocidad, el paso de los peatones, entre otros actos, demostrará tu prudencia al volante. Confianza: Un conductor preventivo tiene confianza en sí mismo, en su vehículo y en su estilo de manejo. Sin excesos, la confianza le dará seguridad a la hora de tomar decisiones. Serenidad: si un conductor preventivo se encuentra en una vía con condiciones difíciles de tráfico, tendrá la serenidad suficiente para soportar este momento sin insultos, ni gritos, ni desesperación. Así sea.