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Las diferentes crisis que vivimos los ecuatorianos, unas veces nos deprimen hasta perder la esperanza, en otros casos, afortunadamente, las crisis se convierten en retos a ser superados para tener motivos para vivir, trabajar, estudiar, soñar.
Sin embargo, surge una interrogante: ¿cómo convertir las crisis en retos?, ¿hay experiencias que pueden servir de guías para encontrar caminos que nos devuelvan la esperanza? Les invito a que junto con el Padre Pedro Pierre realicemos un viaje hacia la comunidad, desde lo estructural hasta lo personal:
“Cuando miramos la diferencia de criterios entre los países del norte y los del sur encontramos una característica muy particular: Europa y Estados Unidos insisten en la primacía del individuo y América Latina y África sobre la primacía de la comunidad. Los países del norte se dejaron guiar por el lema individual de la revolución francesa de “libertad, igualdad y fraternidad” y “los derechos del hombre y del ciudadano”, mientras los países del sur conservaron su herencia ancestral preferencialmente comunitaria. Por este motivo el sistema capitalista prosperó en el Norte gracias a la libertad individual sin límite de los empresarios a costa de la explotación ilimitada de los trabajadores.
Hoy esta situación influye en nuestra manera personal de actuar y elegir. Somos llamados a vivir comunitariamente porque todo el cosmos somos una sola unidad, pero nos volvemos individualistas, indiferentes y pasivos porque asumimos, muchas veces sin darnos cuenta, los criterios de la educación, de la religión y de los medios de comunicación que nos vinieron del Norte. Paulatinamente olvidamos nuestra herencia ancestral que insiste sobre el valor primordial de la comunidad.
Tenemos que diferenciar el grupo de la comunidad. A lo largo de nuestra vida conformamos muchos grupos que son momentáneos. La comunidad es un grupo estable que nos permite construir muestra manera de vivir, de pensar, de creer, de tomar decisiones importantes. Cada una y cada uno de nosotros somos únicos, llamados a desvelar y hacer visibles y eficaces las diversidades que nos habitan: Somos un gran arcoíris de colores que se funden las unas en las otras, pero donde cada una conserva su brillo. Somos una inmensa sinfonía de la que cada uno somos un instrumento indispensable.
Las religiones insisten en el valor insuperable de la comunidad, porque juntos descubrimos la belleza de la vida, el valor de cada uno, la grandeza de la verdad. Si nos quedamos solos, nos limitamos a nuestra pequeñez individual: La comunidad nos multiplica sin que perdamos nuestra originalidad.
Tal vez lo más bonito de la comunidad sea la celebración. De vez en cuando decidimos mirar atrás y recodar el camino recorrido, no para decir que lo de ayer era lo mejor, sino para decir, proclamar, cantar, bailar lo que nos pareció bonito, amable, esperanzador de lo vivido. Celebramos el presente rico del pasado de todos y preñado de mucho futuro. Celebramos lo mejor de nosotros, en particular de los que no son nadie pero que aportan muchos. Reconocemos allí que crece el Misterio de la Vida, que se nos acerca la Fuente del Amor, nos inunde la Fuerza de la Espiritualidad.
¡Felices nosotros si no dejamos nunca la comunidad porque es nuestra salvación, nuestra felicidad y nuestro destino definitivo! Seremos uno en todos y todos en uno… Eso es el desafío a comenzar a vivir cada día y cada momento.”
