Intérpretes de la cultura

Por: Sandra Beatriz Ludeña

Hago alusión al término cultura como el cúmulo de costumbres, tradiciones, fiestas, modos de vivir e interpretar la vida en comunidad y, parto de este punto tan fundamental para el liderazgo social, pues, significa uno de los tópicos más importantes a discutir en lo que se refiere a la formación del Estado y la nación, ya que se trata de procesos culturales inseparables de la política. Qué afirmo con esto, ahora lo explico:

Precisamente las transformaciones sociales y las políticas que permiten la emergencia de la cultura y las naciones como forma de clasificación de los grupos son implícitamente dependientes, esto es que son necesarias intensas luchas políticas en la definición de “cultura” y de “nación”.

En realidad, hay un proceso conflictivo de lucha por la autoridad social, que generalmente tiene como escenario las festividades de los pueblos, la pugna es principalmente por el derecho a tener la iniciativa social, es decir, a ser sujeto de acción social.

Sin embargo, la historia ha demostrado que esa autoridad social también la codician las clases dominantes, así en el contexto europeo tal disputa produjo intensa lucha, no obstante, el pueblo fue reducido a convertirse en simple espectador de los eventos o acontecimiento públicos.

Por lo anotado, considero oportuno interpretar que aquellos despliegues espectaculares cuando se lanza un evento de celebración cultural, este tiene un doble propósito de fondo, en primer lugar, dichas fiestas se van “nacionalizando” y convirtiendo en fiestas de toda la nación, son a la vez, formas de hacer política y contribuyen a el fortalecimiento del Estado.

En la Encuesta Folclórica Nacional de Colombia y el cambio de las sociedades campesinas colombianas, Renán Silva (2006) ha comentado los procesos de transformación de la autoridad y la distinción social implícitos en el cambio de naturaleza y organización de las festividades. Es así que Silva detecta el desdibujamiento de las antiguas formas de celebrar orientadas por una matriz religiosa, así como la emergencia de lo que se denominó bajo la República Liberal, como “fiestas modernas”.

De la misma manera, Silva se refiere a los reinados de belleza y afirma que eran organizados por “las alcaldías con la ayuda de las damas socialmente importantes de las localidades”.

Por lo expuesto, este es un intento de redefinir estos enlaces, para darle cordura a este nexo entre cultura y política. No olvidemos que la aceleración del mundo como efecto de la globalización exige tener pensamiento crítico, puesto que esa carrera de producción sin límites, donde el que se duerme se lo lleva la corriente, debemos entender cómo opera nuestra cultura y qué papel cumplimos en calidad de sociedad.