
Hay quienes se hacen llamar papás porque con su genética activaron la chispa de la vida; otros porque optaron por criar a aquellos que se quedaron sin uno; y, también están aquellos como Hugo Arturo Cueva Chamba, médico pediatra lojano, quien gracias a su profesión atiende y ayuda a traer nuevas vidas al mundo, en el Hospital General Isidro Ayora.
A lo largo de sus 20 años como médico general y cerca de 12 como médico pediatra, vio nacer a muchas criaturas, a quien luego atendió en sus enfermedades, vio crecer a la mayoría de ellos y da consejos a quienes lo buscan.
Relató que en su familia no existe ningún médico y es el primero. “Ese gusto por el área médica nació un consejo de mi hermana, quien era muy apegada a la rama de la salud; cuando empecé la carrera —la cual terminé en la Universidad Nacional de Loja—, me llamó la atención y fui adaptándome a los cambios, porque es una profesión, larga, sacrificada, de mucho esfuerzo y dedicación”, dijo.
A temprana edad formó su hogar y procreó 3 hijos. “Fui padre muy joven y esa parte resultó más completa, porque no podía darles el tiempo suficiente debido a que estaba estudiando, fortaleciendo los conocimientos, con el objetivo de ser un gran profesional”, acotó.
Añadió que le faltó esa parte personal de estar más tiempo con sus hijos, “en algún momento uno se dice que después se los recompensará, pero el tiempo pasa y ellos fueron creciendo, ahora, mi hijo mayor tiene 24 años y también es médico; mi hija, asimismo, es estudiante de medicina y está próxima a ingresar al internado rotativo; el tercero está en la secundaria. Hoy por hoy, son conscientes de la limitación para estar con quienes más queremos, debido a la profesión que heredaron; sin embargo, queda esa parte de que pude dar más”, afirmó.
Comprensión
Cree que la base principal para desarrollarse en su profesión es la familia, principalmente la pareja, es difícil de entender y comprender a un médico, porque no tienen horarios fijos, por ejemplo, Hugo Arturo Cueva Chamba, sale de su hogar a las 06h00 con rumbo a su trabajo en el Hospital Isidro Ayora, luego va a su consultorio particular en la Clínica San José, posterior da clases a los estudiantes de internado rotativo de la Universidad Técnica Particular de Loja y está arribando a su hogar, nuevamente, pasadas las 20h00.
“La mejor recompensa de esta profesión, especialmente en mi rama —donde nacen nuevos seres—, es que nos vemos reflejados, es decir, sacamos ese sentimiento de padre y lo utilizamos con el firme propósito de dar la misma alegría a las familias”, subrayó. (I)
