Por: Sandra Beatriz Ludeña
Partiendo del hecho de que mientras existan necesidades insatisfechas, todos los miembros de la comunidad debemos realizar acciones encaminadas para satisfacer tales necesidades. En este sentido, creo que uno de los bienes indispensables en los tiempos que vivimos es la cultura, mas, esta debe ser redefinida para que se vuelva comprensible para el común de la gente.
Debo decir que la palabra “cultura” es utilizado en el léxico científico, sobre todo en el campo de la Antropología Social, de la que constituye uno de los pilares fundamentales, pero, a más de lo anotado, también es parte de las ciencias políticas y de la comunicación social.
Mas, entre sus múltiples significancias, la más extendida aunque también la más restrictiva en cuanto a su contenido, es aquella que identifica cultura con formación letrada. Así, un individuo culto es aquel que posee formación académica y un amplio bagaje de conocimientos humanísticos. Dentro de ese campo de significación se encuentra a la “cultura” como: “cultura literaria”, “cultura musical”, “cultura histórica”, etc.
En ese sentido, se observa una hiper-utilización del término cultura, la misma que según mi punto de vista se posiciona en torno a la bipolaridad “cultura letrada – cultura iletrada”, siendo esta última negada, por obvias razones (se cree que el individuo analfabeto no poseería cultura alguna).
Otra de las claras acepciones en nuestro entorno, es aquella que identifica a la cultura con contenidos culturales visibles y objetivables: lengua, folklore, rituales, vestimenta, artesanías, habilidades, etcétera; dejando fuera todo el espacio de la producción inmaterial o intangible, como: valores, creencias, mitos, símbolos, y mucho más. En este caso la cultura es referida a conjuntos sociales, sean pueblos, etnias, naciones, etc.
A propósito de repotenciar la cultura, creo pertinente elaborar una herramienta conceptual que incorpore de forma articulada y dialéctica, tanto aspectos de la realidad material como los elementos de la realidad ideacional. Es decir, lo económico y simbólico; lo cotidiano y trascendente; las condiciones materiales de existencia y la cosmovisión construida, compartida a través de un proceso histórico de continuidades y rupturas, normalmente, desarrollado sobre un mismo territorio.
Solamente entendiendo integralmente lo que significa “cultura” y su riqueza, se puede pensar en repotenciarla, para convertirla en recurso eficiente, sobre la cual construir estrategias de resistencia social, frente a los esquemas de dominación. Seguramente resulte interesante, ahondar sobre estas temáticas, como alternativa de recursos no apreciada.
