La niñez de Simón Bolívar

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De acuerdo a lo planificado, seguimos presentando información sobre Simón Bolívar. Hoy les ofrecemos algunos datos sobre la infancia de Bolívar:

Según Jorge Mier Hoffman, según declaraciones del propio Bolívar, sus familiares deciden el nombre de Simón, debido a:

“Mi padre que era más bien radical y poco aficionado a los rituales de la Iglesia, quería darme el nombre Pedro, el Apóstol Mayor, el de “eres piedra y sobre esta piedra edificare mi iglesia”; porque Simón es un nombre que en la familia es más como una enfermedad de lo mucho que se repite. Una enfermedad de verdad también, porque lo llevaban tanto mi quinto abuelo Simón de Bolívar el Viejo, el primer Simón Bolívar, y mi cuarto abuelo, Simón Bolívar el Mozo, como el primer Bolívar en Venezuela. Como ambos eran a cuál más de locos, esto me deja a mí como Simón Bolívar el Niño, en su digna compañía, y para muchos, el más loco que los viejos Simones”

Camilo Calderón Shrader, nos detalla la vida de Simón Bolívar, en su niñez:

“A sí mismo se llamó el Hombre de las Dificultades. No tuvo una infancia feliz ni una educación sistemática. Era: Indómito y fogoso, trémulo, vigoroso, insolente, de nerviosidad excesiva, indisciplinado. «Un joven corazón sediento de ternura, en rebelión contra una suerte encarnizada en cavar vacíos irremediables a su alrededor». La respuesta siempre a flor de labios, de rápida comprensión y buena memoria, aunque falto de atención. Sensible, franco, impaciente, fácilmente desconcertado, de sentimientos apasionados y, por todo ello, de una cierta y prematura madurez.

El tío Carlos atendió a que Simón aprendiese las nociones fundamentales de escritura, lectura, aritmética e historia, proporcionándole preceptores excepcionales. Andrés Bello, apenas dos años mayor que el Libertador, le enseñó primeras letras, aunque no logró adelantos en ortografía. Con el capuchino Francisco de Andújar cursó matemáticas, física y topografía. Guillermo Pelgrón, docente destacado de la Escuela Pública de Caracas, le enseñó latimidad.

Pero Simón Rodríguez, el revolucionario preceptor que practicaba apasionadamente las ideas pedagógicas del Emilio de Rousseau, sería a la postre el profesor que marcó la mayor influencia en el pequeño Simón, influencia que sería decisiva durante el segundo viaje de Bolívar a Europa en 1804, y fue él ante quien pronunció su juramento de libertad en el Monte Sacro de Roma, el 15 de agosto (ferragosto) del año siguiente. «Yo he seguido el sendero que usted me señaló –le escribiría en 1824–. Usted formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso».

Fue en la casa de Simón Rodríguez donde el tío Carlos confió a su pupilo como pensionista cuando éste se fugó de su lado por segunda vez y buscó refugio ante el obispo Viana. Las enseñanzas de Rodríguez se dirigían más a la formación del carácter y a la fortaleza del cuerpo en medio de la naturaleza, que a acumular conocimientos en el aula de clase. Pero es seguro que a través de su maestro favorito Bolívar se impregnó de ideas revolucionarias y reformadoras. También encontró en él a un amigo a quien confiarle su soledad y las dificultades de su vida familiar.”