El baúl de los recuerdos: La Academia de Artes Santa Cecilia, ícono cultural y artístico de Loja

Efraín Borrero E.

En la década de 1880 llegaron a Loja religiosas pertenecientes a las congregaciones de Hijas de la Caridad y de Hermanas Marianitas, con el objeto de cumplir varios propósitos: las primeras, asumir la Dirección del Hospital de Caridad y posteriormente hacerse cargo de un asilo de ancianos y establecer una escuela para niñas; y, las segundas, dedicarse por entero a la educación femenina cimentada en los principios evangélicos de Mercedes de Jesús Molina y Ayala. Los dos establecimientos han sido referentes de educación y valores desde aquel entonces.

En esos centros educativos, entre los cuales había una estrecha relación, se impartía la enseñanza de canto e instrumentos musicales, como piano, guitarra y bandola. Lucía Margarita Figueroa Robles refiere que las exhibiciones en canto y ejecución de instrumentos, como un ornamento a las cualidades femeninas de la época, eran noticia en la ciudad elogiando la loable labor de las comunidades religiosas.

Terminada la escuela primaria algunos padres de familia que contaban con recursos económicos, decidían que sus hijas permanezcan unos dos o tres años más en la escuela, a fin de que se perfeccionen en música, costura y bordado, luego de lo cual retornaban a sus hogares con la única expectativa de casarse o ingresar a un convento en el futuro.

Lucía Margarita asegura que, transcurridos algunos años desde la fundación de esas escuelas, bajo la tutela del destacado profesor de música e intérprete de la trompeta, Manuel Torres Vega, se conformó una pequeña estudiantina con la participación de estudiantes de los dos establecimientos educativos, que luego se consolidó gracias al apoyo del sacerdote y escritor Carlos Eguiguren Riofrío, quien se desempeñaba como capellán en las “Marianitas” desde 1931.

El apoyo e impulso de Carlos Eguiguren Riofrío fructificó el 16 de mayo de 1937 con la conformación de la “Asociación Religiosa Artística y Social Coro Santa Cecilia”, cuyo nombre fue adoptado para rendir homenaje a la mártir Cecilia de Roma patrona de los músicos, nombrada así por el Papa Gregorio III en 1594, y en cuya memoria la UNESCO declaró el primero de octubre de cada año como Día Internacional de la Música.  

Fue en esas circunstancias que se hizo presente el protagonismo fecundo y vigoroso de Virginia María Rodríguez Witt, nacida el 17 de octubre de 1913, hija del eximio lojano, Máximo Agustín Rodríguez Jaramillo y de la matrona Virginia Witt Añazco, ya que luego de haber dedicado su juventud al arte musical y a la docencia a nivel parvulario, decidió regresar a su querido establecimiento educativo Santa Mariana para estimular la conformación de grupos musicales como profesora de música.

Virginia Rodríguez Witt, quien ejecutaba el piano con destreza, siendo además recordada como mecenas, nació y se formó en un hogar con exquisita sensibilidad cultural y artística. El piano importado que tenía un lugar preferente en casa de sus padres, era su mayor atracción.

Rubén Torres Paz, refiriéndose a “Virginita”, como afectuosamente la llamábamos, manifiesta que “las partituras que llegaban a su casa especialmente desde Francia, sirvieron de insumo a la estudiantina en 1937 para conformar el Coro Santa Cecilia, que interpretó en escena obras de corte universal como La Traviata de Giuseppe Verdi”.

Con su innato liderazgo Virginia Rodríguez presidió el prestigioso Coro Santa Cecilia, agrupando a un buen número de maravillosas y virtuosas jóvenes lojanas en calidad de socias fundadoras, cuyos nombres, aunque parezca extensa la lista, es necesario resaltar porque marcaron un hito histórico en el ámbito cultural y artístico de Loja. Ellas fueron: María Piedad Vivar Castro, Argentina Mora Riera, María Riofrio Burneo, Bertha Aguirre Aguirre, María del Pilar Maldonado, Melva Carrión Álvarez, Fabiola Palacios; Delia Carrión Álvarez, Marina Reyes Andrade, Josefa Riofrío, Blanca García Burneo, Melida Castillo Celi, Ursulina Riofrío Burneo, Amable Mora Ortega, Rosa Antonia Castro, Tarcila Molina Molina, Lastenia Ojeda, Bertha Montero, Victoria Jaramillo Córdova, Julia Jaramillo Sotomayor, Luz Vergara, Maruja Arévalo, Luz Molina Molina, Laureana Vivar Castro, Maruja Jaramillo, María Piedad Castillo, Elvia Malo Molina, Lili Celi Jaramillo, Lucrecia Jaramillo Córdova; Martha García Burneo, Rosario Castillo Celi, Aura Cevallos Celi, Amalia Eguiguren Burneo, Olga Celi Román, Rosario Eguiguren Samaniego, Carmen Riofrío Burneo, Filomena Rodríguez y Celia María Valdivieso Muñoz.

Uno de los mayores objetivos que se propuso el Coro Santa Cecilia fue la adquisición en el exterior de un equipo de transmisión para la instalación de una radioemisora, que a la postre fue la primera de Loja, a fin de llegar con programaciones artísticas y culturales a toda la colectividad lojana. Para ese propósito era indispensable tener personería jurídica y contar con los recursos económicos para la inversión.

El entusiasmo de “Virginita” y sus colaboradoras superaba todos los inconvenientes posibles. El 29 de marzo de 1940, con acuerdo del Ministerio de Previsión Social, el Coro Santa Cecilia adquirió la ansiada personería jurídica abriendo sus puertas a la enseñanza de varios instrumentos musicales, así como al arte dramático y al ballet.  

Para financiar la adquisición del equipo técnico intensificaron las presentaciones artísticas en el Teatro Universitario Bolívar, recientemente inaugurado, todas las cuales estuvieron abarrotadas por personas deseosas de contribuir a la causa y de admirar el magistral desempeño de las actoras, cuyo nivel de calidad trascendió y fue exaltado por propios y extraños. No faltó el aporte voluntario de algunos benefactores y las contribuciones generosas que hicieron las propias asociadas.

Cumplido el requisito legal y con el dinero en mano comenzaron los trámites para la importación del equipo transmisor desde los Estados Unidos. Víctor Ojeda Feijoó dice que en esa gestión colaboró el gerente de la compañía minera de Portovelo y que la carga vino en el barco “Douro”, que a su vez traía ropa y maquinaria para dicha compañía, además de pertrechos en razón del conflicto bélico que se estaba dando con el Perú.  

El barco acoderó en Puerto Bolívar y al equipo debidamente embalado se lo guardó transitoriamente en las bodegas de propiedad de Ernesto Witt. Pero ocurrió lo inesperado: tropas peruanas que invadieron nuestro territorio fronterizo allanaron las bodegas y se llevaron cuanto pudieron, entre otras cosas el equipo transmisor que había sido adquirido con tanto esfuerzo.

Al conocer la noticia las damas del Coro Santa Cecilia se quedaron atónitas y muy entristecidas, pero no se amilanaron e hicieron gestiones ante el presidente Carlos Arroyo del Río para que se les repare el atraco cometido, considerando la labor cultural y artística que se proponían. El mandatario negó tajantemente la solicitud. Entonces encaminaron la gestión ante el lojano Manuel Benigno Cueva García quien logró hacerle saber al presidente que existía en bodega un equipo transmisor confiscado a un núcleo de italianos, alemanes y judíos por operar clandestinamente en Quito. Arroyo del Río considerando las circunstancias que rodeaban al asunto dispuso que sea entregado al Coro Santa Cecilia de Loja.

Según Víctor Ojeda esos transmisores de ondas corta y larga eran más potentes que los que se había importado, a tal punto que se reportaba la sintonía de la radio en países de Europa. Su implementación y montaje estuvo a cargo de Carlos Enrique Vélez Ojeda que había aprendido el oficio en la universidad de la vida, y de un señor Mancheno.  

La radio adecuó sus estudios, cabinas, sala de producción y auditorio en la “Casa de los Canónigos”, localizada en la calle José Antonio Eguiguren, entre Bernardo Valdivieso y Olmedo, con el apoyo de la Curia Diocesana. La puesta en funcionamiento estuvo a cargo de las distinguidas hermanas Dora y Ofelia Aguirre Palacio; la primera como directora artística y la segunda como locutora, además de la colaboración de Melva Carrión Álvarez.

Con la participación de las hermanas Aguirre Palacio, el Coro Santa Cecilia abre una nueva y promisoria etapa en su actividad cultural y artística. La historia de la institución las recuerda como mujeres que desinteresada y abnegadamente entregaron todo de sí para que los objetivos se cumplan exitosamente.

Lamentablemente la radio dejó de funcionar en 1960 debido a un incendio que se produjo en sus equipos; pero sus socias jamás desmayaron en su altruismo y continuaron contribuyendo al desarrollo artístico y cultural de Loja con presentaciones en el Teatro Bolívar, que cada vez adquirían mayor renombre, porque, además, participaban solistas y dúos lojanos de mucho prestigio.

El 3 de septiembre de 1971, en la presidencia de Dora Aguirre Palacio, el Coro Santa Cecilia adquiere por compra a la Fundación Álvarez la señorial y suntuosa casa de habitación que fuera de Daniel Álvarez Burneo, en la cantidad de cien mil sucres, cuyo monto se logró en virtud de sus ahorros y a través de un crédito con el Banco de Loja.

En este inmueble situado en la calle Bolívar entre Rocafuerte y Miguel Riofrío, se realizaban las más fastuosas reuniones sociales brindadas por Daniel Álvarez Burneo, el hombre más acaudalado de Loja que siete días antes de su fallecimiento, el 28 de julio de 1936, dictó su testamento en el que puso a disposición de Loja su cuantiosa fortuna calculada en cerca de ocho millones de dólares.

En esa casa el Coro Santa Cecilia estableció inicialmente una Escuela de Música y un Jardín de Infantes con el nombre de Dora Aguirre Palacio.

Galo Aguirre Monteros me manifestó que su tía Dora Aguirre Palacio tenía un desbordante entusiasmo y dedicación al cultivo y difusión del arte en sus diversas manifestaciones. En cierta ocasión le había comentado algunos acontecimientos destacados durante su gestión en el Coro Santa Cecilia, como el hecho de haber contado con la colaboración del famoso maestro italiano Angelo Negri, bajo cuya dirección se llevaron a cabo importantes actividades artísticas y se conformó un grupo folclórico que alcanzó renombre.

En 1981 el Coro Santa Cecilia, que a lo largo del tiempo albergó a prestantes maestros como Salvador Bustamante Celi, Segundo Cueva Celi, Marcos Ochoa Muñoz, Alberto Ortega, Miguel Cano Madrid y otros más; así como al profesor Piero Jaramillo, profesor de ballet que formó varias generaciones de niños y adolescentes en el arte de la danza, cambió legalmente su denominación constituyéndose en la Academia de Artes Santa Cecilia.

Lupe Peña Vivanco, quien fue parte del conjunto de danza, dice que con Piero Jaramillo se tuvo una “época de oro”, pues el grupo recorrió la provincia de Loja, algunas ciudades del país e incluso viajó al exterior en representación de Ecuador. Recuerda que participó en algunas ferias internacionales ecuatoriano – peruanas, destacando que por dos oportunidades asistieron a la Fiesta de las Flores y las Frutas de Ambato, logrando el trofeo “Capulí de Oro”. En Santo Domingo de los Colorados también recibieron el trofeo del primer puesto en el concurso de danza folklórica.

Menciona con orgullo la participación del conjunto de danza en la Primera Bienal de Folklore Latinoamericano realizado en el Perú, en la que también intervinieron Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba y un grupo invitado de Checoslovaquia; evento en el cual obtuvieron el “Tumi de Oro”, que fue un gran honor para el Ecuador.

En la honrosa galería de mujeres que han presidido esa benemérita institución a lo largo del tiempo, constan: Virginia Rodríguez Witt, Dora Aguirre Palacio, Teresa Mora de Valdivieso, Julia Burneo Campoverde, Dora Quezada Ochoa, Beatriz Saritama Correa, y Ruth Elizabeth León Cevallos, en funciones. Cada una de ellas con su infatigable y fecunda labor, abnegación, entusiasmo y amor institucional han dado lustre a una de las entidades más respetables e icónicas de Loja.

Para dimensionar el valor que ha representado la existencia del Coro Santa Cecilia en el contexto histórico de Loja, basta resaltar que fue una de las dos entidades más relevantes en la formación y difusión del arte musical en la primera mitad del siglo XX, junto con la Escuela Superior de Música anexa a la Universidad Nacional de Loja, que posteriormente se constituiría en el Conservatorio de Música.  

Estas dos instituciones, que desarrollaban sus actividades hermanadamente, lograron conformar un grupo coral instrumental bajo la dirección del maestro Angelo Negri, que causó asombro en Loja y en otras ciudades como Cuenca, en abril de 1947.

Mi homenaje de admiración y reconocimiento a las destacadas mujeres que han hecho posible la existencia del Coro Santa Cecilia, transformado en la Academia de Artes Santa Cecilia, porque con su aporte han dado brillo a la grandeza cultural y artística de Loja, y han demostrado de lo que son capaces las mujeres lojanas, inspiradas en el ejemplo de la insigne Matilde Hidalgo Navarro y a la luz del pensamiento de Jorge Hugo Rengel quien escribió: “Cuando medito en Loja, en su historia, en su actualidad, en su porvenir, concluyo lleno de esperanza, que el valor más significativo que posee esta parcela de la Patria, es su gente…»