Por Ruy Fernando Hidalgo Montaño
Desde hace mucho tiempo vengo mostrando mi preocupación por la grave crisis de identidad que padecemos los ecuatorianos, que se va agudizando, de generación en generación, sin que nadie haga nada al respecto. Se requieren medidas radicales, en este sentido, con miras a fomentar y preservar lo nuestro; los esfuerzos por esta causa, por ahora, son demasiado aislados y, a mi criterio, mal canalizados, provienen de personas y organismos que no tienen arraigo popular por eso se quedan en vanos intentos que no se aproximan a cumplir el objetivo de rescate de lo que tan rápidamente se está perdiendo: el orgullo y el sentido de pertenencia, que cada vez más notoriamente va desapareciendo.
Todo proceso positivo necesita bastante tiempo para tener frutos, pero lo frustrante es que las entidades encargadas no hacen ni el menor intento de empezar algún proyecto destinado a salvar la identidad de nuestro pueblo, representada en todo lo que conlleva decirse y sentirse orgulloso de ser y pertenecer a este bendecido país llamado Ecuador.
Parece que la globalización nos está jugando en contra, de otra manera no se explica como un gran sector de las nuevas generaciones, adopta formas y estilos foráneos, que se ponen de manifiesto en su forma de hablar, vestir y actuar, da la impresión de que lo menos que quieren es parecer ecuatorianos, como que les da vergüenza su origen; en vez de crear modos auténticos y genuinos de identificarse, se dedican a emular jergas y cosas de otros lugares, y los que no lo hacen, en cambio, difunden una imagen distorsionada del país ante el mundo, es irónico pero los extranjeros que nos visitan promueven más, y de buena manera, el lado más hermoso del país, que los oriundos de acá, que cuando salen de la patria venden una imagen depresiva del Ecuador, escuchan chicha, se emborrachan en espacios públicos, generando desorden en dichos espacios; no estoy generalizando, hay ciudadanos honorables que muestran y demuestran la cara buena de la medalla, siendo embajadores de la ecuatorianidad digna ante el mundo, lo lamentable es que los primeros son mayoría.
A las autoridades de turno parece no importarles nada esta situación, reflejada en hechos tan aparentemente poco importantes, como el sucedido la semana pasada en un partido de fútbol en el que un equipo nacional enfrentaba a otro argentino, donde los hinchas locales llegaron con atuendos del cuadro visitante y se pusieron a vitorear imitando hasta el modo de gritar de los argentinos ¡Que vergüenza! Ya deberían incluir en el pensum de estudios la materia de respeto a las raíces e identidad como primer paso, para recuperar lo que ahora nos falta: sentido de pertenencia, amor y orgullo de lo nuestro, eso se logra creando y proyectando calidad desde aquí para el resto del planeta.
