
De los árboles llamados Jorupe se obtiene los cherecos: semillas redondas que servían para jugar a las canicas, reemplazando a las bolas de cristal. Actualmente, en varios cantones de la provincia de Loja, es temporada de cosecha; sin embargo, la tradición de los juegos tradicionales está casi extinta.
Circunstancias
Según información del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), cuando el fruto está maduro, las personas utilizan la cáscara —con propiedad similar que el detergente— para lavar la ropa, mientras que los niños recogen las semillas (pequeñas bolitas de color negro), para practicar el juego tradicional de la “moña”, semejante al juego con las canicas de cristal.
Los niños guardan los cherecos para jugar por algunos meses hasta que poco a poco los desechan y esperan la próxima cosecha, tradición que se ha repetido por generaciones.
La planta puede encontrarse en varios cantones, como Catamayo, Loja (San Pedro de la Vilcabamba, Vilcabamba, Yangana, Quinara), Calvas, Sozoranga, Quilanga, Espíndola, en este último sector habría una gran cantidad de árboles y por ello, el principal río lleva el nombre de Jorupe.
Vivencias
Boris Salinas Ochoa, artista plástico lojano, quien elaboró una escultura en homenaje a este juego tradicional, relató a Diario Crónica que antes en la calle se divertían con los juegos tradicionales, entre estos, las canicas, pero no todos podían conseguir las bolas de cristal por su costo y vieron en los cherecos, un reemplazo. “Nosotros las comprábamos en el mercado Centro Comercial, allí había una persona que los vendía y durante el juego desarrollábamos la motricidad destrezas, además, afianzábamos la amistad con la gallada, debido a que también este producto servía para emprender, es decir, quienes tenían una mayor cantidad solían venderlas o intercambiarlas”, dijo.
Al ser escultor recordó sus vivencias y desarrolló varias esculturas jugando con los cherecos. “Antes no había televisión y tras el trabajo con los padres nos reuníamos a jugar y eso es lo que plasmé en la obra”, refirió.
Cabe destacar que, tener los cherecos ya era satisfactorio por lo difícil de conseguirlos, pero más cuando lograban adquirir las canicas de cristal y, un trofeo, la bola de cristal grande o de hierro.
Asimismo, Jorge Alcides Eras añadió que “era una maravilla de plantas”, los que tenían dinero compraban las bolas de cristal y quienes no con estos frutos jugaban a la “moña”; “tiempos que jamás volverán”. (I)
