Santiago Armijos Valdivieso
El pasado 6 de diciembre de 2024, cerca de las seis de la tarde, un bus de la Cooperativa de Transportes Asociados Cantonales (TAC), que cubría la ruta Loja hacia Piñas, luego de embestir a un pequeño automóvil, tuvo un terrorífico accidente de tránsito que dejó como saldo trágico dieciocho fallecidos y quince heridos.
La policía que constató el hecho determinó, según medios de comunicación, que el siniestro se dio por pérdida del carril de circulación normal, con un choque lateral angular y volcamiento lateral de un cuarto sobre su lateral izquierdo. Aunque las investigaciones están en curso y no hay conclusiones, se presume que las causas podrían estar relacionadas con el irrespeto a las leyes de tránsito, a fallas mecánicas y a un adecuado control de tránsito.
Pero más allá de ello, tras el telón de este espantoso suceso, queda el dolor irremediable de los familiares de los muertos y heridos, quienes no logran asimilar la terrible situación, ni tampoco entender cómo es posible que sigan sucediendo este tipo de problemas en buses que se entiende son revisados suficientemente para su operación por las autoridades de tránsito y, por tanto, garantizada la seguridad para ser utilizados.
Lamentablemente, aquello no necesariamente es así, pues, este accidente, al igual que muchos que se producen en Loja y el país, son un reflejo de la amarga realidad que, en su mayor parte, envuelve el control del transporte terrestre, en el que muchas de las veces prevalecen la irresponsabilidad de las autoridades al momento de revisar los automotores de transportación pública y conceder permisos de circulación.
Seguramente, como todo pasa y el tiempo adormece la memoria colectiva, este terrible accidente solamente pasará a integrar las negras estadísticas de la Nación, pero la caótica realidad en materia de tránsito vial que afecta a Loja seguirá inalterable como consecuencia de la negligencia de las autoridades que no asumen la responsabilidad de velar por la seguridad de la ciudadanía.
Si esto no fuera cierto, y en línea con los problemas de tránsito, solo basta observar la inacción de las autoridades para enfrentar la alarmante cantidad de accidentes de tránsito protagonizados por motociclistas en la ciudad, quienes, sin Dios ni Ley, son dueños agresivos de calles y avenidas ante la impotencia ciudadana.
Qué triste decirlo, pero nuestra querida Loja está acorralada por accidentes de tránsito de toda índole y las distintas autoridades hacen muy poco o nada al respecto.
¿Será posible que esto cambie algún día? Aunque resulta difícil, esperemos que así ocurra.
