
Diciembre, el último mes del año, está lleno de celebraciones y reencuentros familiares, pero también puede ser un periodo de nostalgia y soledad para muchas personas. Aunque se asocia con momentos de alegría, para algunos representa una etapa de reflexión donde las pérdidas, los fracasos o la ausencia de seres queridos se sienten con mayor intensidad.
Durante estos días, el análisis sobre lo alcanzado y lo que quedó pendiente puede intensificar emociones negativas. Sin embargo, recomponerse y visualizar el inicio del nuevo año —como una oportunidad para renovarse— es la mejor forma de afrontar estos desafíos emocionales.
Factores
Según Rita Collahuazo, responsable de la Gestión Interna Zonal de Salud Mental y Fenómeno Socioeconómico de las Drogas de la Coordinación Zonal 7 del Ministerio de Salud Pública (MSP), hay varios factores que contribuyen a que la tristeza y la depresión se intensifiquen durante diciembre. Uno de ellos es la percepción de carencias personales: la ausencia de familia, amigos, pareja o estabilidad económica, que suele sentirse más en un mes que destaca por sus celebraciones y reuniones sociales.
La presión social también juega un papel clave puesto que la idealización de las fiestas como momentos de felicidad plena y unión familiar genera comparaciones con la propia realidad, aumentando la sensación de aislamiento y desconexión. Además, los excesos de esta época, como el consumo desmedido de alcohol, pueden intensificar sentimientos de culpa, ansiedad o tristeza al impactar negativamente en el estado físico y emocional de las personas.
Otro factor relevante es el contexto emocional de cada persona puesto que, las celebraciones pueden ser un recordatorio de pérdidas significativas, como la ausencia de un ser querido, lo que revive el proceso de duelo. A esto se suma la incertidumbre y el estrés provocado por la situación actual de cada ser, como problemas laborales, económicos o de salud.
Síntomas
Si bien los factores emocionales y sociales influyen, es clave reconocer cuando la tristeza habitual da paso a una depresión más profunda. Prestar atención a los síntomas es esencial para manejar adecuadamente estas emociones. La depresión se manifiesta a través de señales como sentimientos persistentes de desesperanza, vacío o tristeza intensa, que no desaparecen con el tiempo.
Entre otros indicadores está la pérdida de interés por actividades cotidianas que antes resultaban placenteras, fatiga extrema o la dificultad para levantarse y realizar tareas diarias. También pueden presentarse cambios significativos en la alimentación y el sueño: desde insomnio o dormir demasiado, hasta comer en exceso o perder el apetito por completo. En algunos casos, se manifiesta un aislamiento social, evitando contactos o encuentros con amigos y familiares.
Identificar estos signos y reconocer su impacto es el primer paso para gestionar la depresión, a la par de que es importante no subestimar estas señales si son persistentes, ya que pueden interferir en la rutina diaria y en el bienestar general.
Recomendaciones
Para sobrellevar estos días de manera saludable, la psicóloga recomienda buscar apoyo profesional. Acudir a un especialista en salud mental permite procesar adecuadamente los sentimientos de tristeza, duelo o ansiedad. A través de la línea amiga 171, opción 6, es posible recibir apoyo psicológico inicial.
Mantener rutinas saludables también juega un papel fundamental en el equilibrio emocional. Realizar actividad física ayuda a liberar tensiones y mejorar el ánimo. De igual forma, dar importancia a mantener hábitos de sueño regulares, ya que dormir bien permite una mejor recuperación, tanto física como emocional.
Además del cuidado físico, es esencial dedicar tiempo a actividades placenteras y de autocuidado. Leer, pintar, caminar, meditar o escuchar música, pueden ser excelentes formas de relajarse y reconectar con uno mismo. Asimismo, aprovechar momentos para compartir con amigos, familiares o incluso grupos de apoyo puede fortalecer los vínculos y reducir la sensación de soledad, mencionó.
Reconocer y validar las emociones, sin negarlas ni reprimirlas, es un paso para gestionar la nostalgia y la tristeza de estas fechas. Afrontar el fin del año con una mentalidad de renovación permite cerrar ciclos, reflexionar positivamente sobre las experiencias vividas y abrir espacio a nuevas oportunidades en el año que inicia. (I)
