El baúl de los recuerdos: Padre e hijo elegidos asambleístas por Loja

Efraín Borrero Epinosa

En 1944 ocurrió un hecho inédito y no vuelto a repetir en el Ecuador: un padre y su hijo, de tendencias políticamente opuestas, fueron elegidos para la misma dignidad y dentro del mismo proceso electoral en representación de la provincia de Loja.

El antecedente se generó tras el derrocamiento del entonces presidente Carlos Alberto Arroyo del Río luego de estallar la revolución del 28 de mayo de ese año, conocida como la “Gloriosa”, y la instalación en el poder de José María Velasco Ibarra quien convocó a la conformación de la Asamblea Constituyente, con el propósito de redactar una nueva Constitución.

Coincidentemente, fue el 09 de agosto de ese año que Velasco Ibarra emitió el decreto mediante el cual se creaba la Casa de la Cultura Ecuatoriana, por gestiones de Benjamín Carrión Mora, en las que contó con la colaboración de su amigo Alfredo Vera, al momento ministro de Educación.

Por la historia sabemos que en la fuerza opositora al gobierno de Arroyo convergieron conservadores, comunistas, socialistas y liberales, como recordando que San Martín de Porres, primer santo mulato de América, hacía comer en un plato al perro, al gato y al ratón, como decía Carlos Julio Arosemena Monroy.

Convocado el proceso para la elección de asambleístas constituyentes, las frutas se movieron a nivel nacional. En Loja se hablaba de una y otra candidatura. El partido socialista inscribió la de Ernesto Rodríguez Witt, quien al conocer que los conservadores habían inscrito la de su padre, Máximo Agustín Rodríguez Jaramillo, quiso retirar su postulación. El padre le dijo con firmeza a su hijo que apenas frisaba los veinte y seis años: no tienes por qué hacerlo; eres un joven brillante, honesto, fiel a tus principios y con las mejores intenciones de servir a la patria; pero, sobre todo, tienes un derecho que todos debemos respetar y nada ni nadie puede coartarlo.

Así quedaron las candidaturas hasta que llegó el día de las elecciones. El pueblo de Loja eligió a cuatro asambleístas constituyentes: Máximo Agustín Rodríguez Jaramillo, Ernesto Rodríguez Witt, Miguel Ángel Aguirre Sánchez y Eduardo Ludeña, ilustres abogados que armoniosamente dieron todo de sí en procura de los más nobles intereses de los ecuatorianos.

Padre e hijo se alojaron en la casa que habitaba Max Rodríguez Witt en Quito e inseparablemente se desenvolvían en el recinto legislativo. Alguien comentó que en uno de los diarios de circulación nacional se había publicado una caricatura que representaba a Máximo Agustín llevando de la mano a su hijo Ernesto al parlamento.

Al final resultó que los socialistas se constituyeron en la mayor bancada con treinta y cuatro asambleístas; liberales veinte y nueve; conservadores veinte y cuatro; comunistas ocho e independientes tres.

En Loja el partido socialista había logrado notoriedad y prestigio porque aglutinó a intelectuales de primer nivel, como los hermanos José Miguel y Alfredo Mora Reyes; Ángel Felicísimo Rojas, Pablo Palacio, Manuel Agustín Aguirre y Eduardo Mora Moreno, para citar algunos nombres; así como a destacados militantes entre los cuales tuvo activa participación Ernesto Rodríguez Witt.

La representación lojana descolló con méritos propios. Cada cual desarrolló un trabajo que aportó significativamente. De entre los cuatro, Eduardo Ludeña tenía un camino recorrido porque antes había sido designado Subsecretario del Ministerio de Previsión Social y Trabajo, y en esa calidad fue propulsor del Código del Trabajo, Código de Menores y Ley de Cooperativas.

Pero la satisfacción por el logro de esa Constitución aprobada duró poco ya que el mismo José María Velasco Ibarra convocó a otra Asamblea Constituyente para que elaborara y aprobara un nuevo texto constitucional que supliera al anterior, que no fue de su agrado.

En aquella elección para diputados constituyentes de 1946 resultaron triunfadores por la provincia de Loja: Francisco Costa Zabaleta por el Partido Socialista, Rafael Adriano Ojeda, Alfonso A. Villacrés y Maximiliano Witt Añazco. 

Años más tarde Ernesto Rodríguez Witt fue elegido diputado por Zamora Chinchipe en dos ocasiones; la primera de 1956 a 1958, y la segunda de 1962 al 11 de julio de 1963, fecha en la que un grupo de militares derrocó al presidente Carlos Julio Arosemena Monroy.

Dicha representación tuvo razón de ser ya que “su espíritu aventurero lo llevó a colonizar tierras amazónicas de la provincia de Zamora Chinchipe junto a un grupo de jóvenes lojanos». Dice Edgar Peña Unda que desde muy temprana edad acompañaba a Ernesto Rodríguez Witt y a ese grupo de amigos integrado por su padre Francisco Peña, su tío Tuco Peña, Manuel Zarate y Bolívar Arévalo, hasta el sector Curva del Retorno, conocido concretamente como «El Oso», con el fin de promover la colonización del oriente, en circunstancias que Loja y Zamora se unían únicamente por un camino de herradura. Caminaban en el lodo y bajo la lluvia persistente de las madrugadas. Todos los fines de semana y siempre que tenían tiempo libre organizaban sus excursiones y se lanzaban tierra adentro

Ernesto Rodríguez Witt llegó a ser un hombre inmensamente apreciado por la colectividad de Zamora. Desde el congreso nacional se constituyó en adalid de sus intereses, priorizando la construcción de vías de comunicación. Luchó incansablemente por ese objetivo hasta que logró la aprobación del proyecto de Ley que creó el impuesto a las importaciones y exportaciones lo que permitió el financiamiento de proyectos viales, entre ellos la construcción de la carretera Loja-Zamora-Gualaquiza.

El afecto por esa hermosa tierra lo llevó a prestar sus servicios profesionales en el Consejo Provincial de Zamora, como asesor jurídico, y posteriormente como consejero Provincial a pedido de la sociedad zamorana a la que sirvió sin escatimar esfuerzo alguno.

En su brillante y ejemplar trayectoria fue profesor y decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Nacional de Loja. Tuve la dicha de ser su discípulo y recibir sus sapientes enseñanzas en materia laboral, de la que tenía vasto dominio.

Fernando Proaño Molina me comentó que en alguna ocasión su suegro, Ernesto Rodríguez Witt, le había conversado que fue profesor de inglés en el Colegio Bernardo Valdivieso y que siendo muy joven estuvo encargado del rectorado.

Sirvió a Loja como edil del I. Municipio en dos ocasiones; presidente de la Federación Deportiva Provincial y gerente de la Empresa Eléctrica, administración en la cual inició la construcción del túnel que conduciría el agua para mover la turbina hidráulica Pelton.

Como presidente de la Junta de Recuperación Económica de Loja y Zamora Chinchipe se preocupó por la ejecución de obras tendientes a solucionar necesidades básicas de los habitantes, entre ellas la construcción del Sistema de Riego Macará, que en su inicio fue financiado por la ex Caja Nacional de Riego.

Tuvo una intensa labor cultural; fue Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Loja y aportó con sus lucidos artículos en Diario La Opinión del Sur, Revista Mediodía y Revista Universitaria.

Mirando el interés ciudadano consiguió que se estableciera en Loja la Delegación de la entonces Caja Nacional del Seguro Social, siendo su primer delegado.

En el ejercicio profesional fue asesor jurídico de algunas instituciones públicas y empresas privadas, especialmente en materia laboral.

El Dr. “Neto”, como afectuosamente lo llamábamos, nació en Loja el 18 de septiembre de 1918. Fue hijo del connotado hombre público doctor Máximo Agustín Rodríguez Jaramillo y de la señora Virginia Witt Añazco. Contrajo matrimonio con la virtuosa dama lojana María Enith Riofrío Rentería con quién procreo varios hijos: Ernesto Máximo, Alicia María, Fabián Augusto, Patricio Vicente, Jeaneth, Virginia María, José Eduardo, Hans Vinicio y Rosa Elvira Rodríguez Riofrío, una familia respetable y apreciada por la sociedad lojana.

Con sus hermanos: Virginia, Max, Eduardo José y Vicente, se formó en un hogar colmado de virtudes, cultura y arte, lo que hizo de cada uno de ellos personas de bien que han contribuido al desarrollo de Loja, como cuando crearon la prestigiosa Clínica San Agustín bajo la égida de su madre Virginia, de la que fue gerente y presidente por algunos años, siendo fundamental su aporte en los aspectos societarios, laborales y organizacionales.

Ernesto Rodríguez Witt falleció el 12 de septiembre de 2001, dejando un legado de honestidad sin límites y de trabajo fecundo que benefició a las provincias de Loja y Zamora Chinchipe. Ha perdurado en nuestro recuerdo como el hombre brillante, gentil, respetuoso, carismático y bondadoso que conquistó el aprecio y reconocimiento de cuantos tuvimos la dicha de conocerlo.