Monigotes, viudas y testamentos: costumbres para despedir el año

Practicas que aún se mantienen en el país.

La celebración de fin de año en Ecuador se distingue por las tradiciones que reflejan la identidad cultural del país. Entre las más populares se encuentran la quema de los monigotes, la representación de las «viudas» y la lectura de los testamentos del año viejo.

Monigotes

La tradición de elaborar y quemar monigotes, conocidos como «años viejos», se remonta a 1895, cuando una epidemia de fiebre amarilla azotó la ciudad de Guayaquil. Como medida sanitaria, los habitantes quemaban las pertenencias de los fallecidos —junto con atados de paja y ramas—, simbolizando la purificación y el deseo de alejar la tristeza y la enfermedad, dando paso a un futuro esperanzador.

Juan Medina, quien se dedica a la elaboración de los monigotes, explica que actualmente estos se confeccionan de dos formas. En la primera, más tradicional, se utiliza ropa vieja y es rellenado con papel o paja; mientras que la segunda emplea materiales como papel, cartón, engrudo y pintura, logrando un resultado más vistoso. En cuanto al significado, los muñecos simbolizan el año que termina y, a menudo, caricaturizan a personajes políticos, figuras públicas o eventos destacados del periodo. Por ejemplo, en este 2024, explica, el más popular es el presidente Noboa, representado a través de las situaciones del país como los apagones, compra de generadores y el uso de las velas o focos recargables, que se volvió popular.

En lo que respecta a la quema es realizada a la medianoche del 31 de diciembre y representa el acto de dejar atrás lo negativo y recibir con esperanza un nuevo año.

Las “viudas”

Las llamadas “viudas” del año viejo son una de las tradiciones más humorísticas de Ecuador. Se trata de una representación simbólica en la que hombres se disfrazan de mujeres —con atuendos extravagantes, pelucas y maquillaje exagerado— y actúan con dramatismo. Estas «viudas» personifican a quienes lloran la partida del año viejo, pidiendo en tono jocoso una «ayudita» (dinero) a transeúntes y conductores.

El origen de esta tradición se remonta a finales del siglo XIX y según Medina, se cree que surgió como una extensión de los cortejos fúnebres que recorrían las calles, en los cuales personas vestidas de negro acompañaban a los monigotes antes de ser quemados. Con el tiempo, esta práctica evolucionó hacia una representación más festiva y humorística, transformándose en una sátira que personifica a una mujer llorando la partida de su «esposo», mientras recorre las calles en un ambiente de alegría y picardía.

En Loja, esta actividad es muy común el propio 31, ya que las viudas recorren calles, interactuando con los conductores e incluso bailándoles.

Testamentos

Otra de las costumbres son los testamentos del año viejo, que son escritos con humor. En estos documentos, el autor, generalmente bajo un seudónimo, deja de manera jocosa sus «últimas voluntades», en las cuales reflexiona sobre los sucesos más destacados del año, ya sea a escala local, nacional o incluso internacional.

En los testamentos, el «año viejo» deja sus pertenencias simbólicas como lecciones, errores o críticas, dirigidas a familiares, amigos, políticos, vecinos o figuras públicas, todo con un tono de sátira. Esta actividad busca generar risas entre los asistentes y promover una reflexión sobre los eventos que marcaron el año que termina.

Estos testamentos son leídos públicamente justo antes de la quema de los monigotes, evento que simboliza la despedida de lo negativo y la bienvenida a un nuevo ciclo.

El origen de esta costumbre se remonta a los rituales populares de principios del siglo XX, como una forma de despedir el año con humor y crítica. Los primeros testamentos surgieron en las comunidades rurales como una extensión de las celebraciones de fin de año y pronto se adoptaron en todo el país. (I)