El inicio de un nuevo año siempre marca un antes y un después, también psicológico, que mucha gente utiliza como impulso para hacer cambios en su vida. Algunos optan por empezar a hacer deporte o comer mejor, otros escogen alguna actividad lúdica o formativa a la que dedicar más tiempo, y hay muchas personas que deciden dejar de fumar. El auge del vapeo, una alternativa al tabaco que no está exenta de riesgos, también obliga a pensar en dejar este hábito.
La idea de que vapear es menos nocivo que fumar es un mito. «No existe base científica para decir que el cigarrillo electrónico es menos lesivo, por diferentes motivos. El primero es que hay muy pocos estudios específicos que valoren el daño de vapear; menos aún estudios a largo plazo, porque es un fenómeno relativamente reciente comparado con el consumo de tabaco», explica el experto en tabaquismo Antoni Baena, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
En cambio, la ciencia explica sus riesgos. «Los principales componentes del cigarrillo electrónico son la nicotina, una sustancia altamente adictiva; sustancias facilitadoras de la vaporización, como el polietilenglicol y el glicerol o el propilenglicol; aditivos alimentarios (E-1520, E-422 y E-1520) de los que se desconocen los valores seguros tras ser calentados e inhalados, lo que produce formaldehídos, acetaldehídos y acroleínas, reconocidos cancerígenos y tóxicos pulmonares; más de 15.500 saborizantes que, al descomponerse térmicamente, generan aldehídos cancerígenos, y mentol, que, además de saborizante, suprime el reflejo de la tos», enumera el experto. Una colección de ingredientes que no solo convierten en tóxico el vapor para quienes lo inhalan directamente, sino para quienes se encuentren a su alrededor: los vapeadores pasivos.
Consejos para dejar de fumar y de vapear
Al contrario de lo que se piensa, para dejar el habido de fumar no hay atajos ni remedios mágicos. Para dejar de consumir, ya sea tabaco o vapeadores, hay que ceñirse a los métodos demostrados científicamente como más eficaces. En este sentido, el profesor Baena recoge ocho pasos para que el proceso tenga éxito:
1. Tener clara la motivación y el objetivo de dejarlo: mejorar la salud y evitar una adicción.
2. Fijar una fecha para empezar y tirar todo lo que se tenga para vapear.
3. Identificar los momentos, emociones y situaciones que favorecían el vapeo e, inicialmente, evitarlos hasta tenerlos controlados.
4. Buscar ayuda profesional, principalmente, o de familiares y amigos.
5. Consultar con un profesional de la salud sobre el uso de tratamientos de primera línea para el abandono del tabaco (farmacológicos y psicológicos).
6. Romper rutinas y mantenerse ocupado y distraído.
7. Hacer deporte para percatarse de las mejoras físicas que dejar de vapear o de fumar aportan a la salud.
8. Felicitarse por el esfuerzo.
«Si se tuviesen que escoger solo cinco razones para dejar de vapear, la primera sería que vapear tiene un impacto directo, rápido y claro sobre la salud. La segunda es que muchos líquidos contienen nicotina, aunque no lo indiquen, ya que no siguen una regulación y control estrictos, con lo que claramente provocan adicción. La tercera razón es que se desconoce el impacto a largo plazo del uso de vapeadores, por lo que, cuanto antes se abandone, mejor. La cuarta razón es el impacto ecológico de los cigarrillos electrónicos, que es cada vez mayor, especialmente en el momento en el que han aparecido los desechables, productos que ya están siendo prohibidos en muchos países. Por último, no ayudan a dejar de fumar, solo favorecen el consumo dual», zanja el experto. (I) Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
