Efraín Borrero Espinosa
En el año 1928, en la presidencia del insigne lojano, Isidro Ayora Cueva, se dictaron leyes y decretos en beneficio de los servidores del Ecuador, una de las cuales fue la Ley de Jubilación, Montepío Civil, Ahorro y Cooperativa que creó la denominada Caja de Pensiones, cuyo objetivo era atender al pago de pensiones de los empleados públicos que alcancen el beneficio de la jubilación o se inhabiliten para el trabajo por razón del mismo; establecer un fondo de montepío civil en favor de las familias de los empleados públicos que fallezcan en el ejercicio de sus cargos o en goce de pensión de jubilación, y hacer préstamos a los empleados y al público en las condiciones que determine el Consejo de Administración, de acuerdo con los Estatutos.
Se sabe que el ilustre lojano, Manuel José Aguirre Sánchez, abogado, escritor y poeta laureado, destacado por su trabajo profesional de primer orden, fue quien elaboró esa legislación y otras laborales, en su calidad de Subsecretario del Ministerio de Previsión Social.
Queda claro que esa Caja de Pensiones acogía únicamente a los empleados públicos, por esa razón, en el año 1937, con la Ley del Seguro Social Obligatorio se crea la Caja del Seguro de Empleados Privados y Obreros. Las dos Cajas funcionaban separadamente hasta que en 1963 se fusionaron para formar la Caja Nacional del Seguro Social. Finalmente, mediante Decreto Supremo del dos de julio de 1970, la Caja Nacional del Seguro Social se transformó en el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), que es como lo conocemos actualmente.
A los pocos días de dictada la Ley que creó la Caja de Pensiones, el mismo Isidro Ayora decretó los Estatutos con los cuales se regiría, hecho ocurrido el treinta de marzo de 1928, en cuyo capítulo quinto creó el Monte de Piedad del Ecuador para beneficio del público en general, financiado con fondos que se tomaban de las diversas secciones que manejaba esa Caja.
Además del espíritu social que implicaba dicha creación, se lo concibió también como una inversión rentable sujeta a las siguientes condiciones: los préstamos se harán hasta doscientos sucres con garantía de ropas, alhajas y otros efectos de fácil conservación y salida o con garantía de persona idónea y solvente; el interés que devenguen será del doce por ciento anual; los préstamos sobre ropas, alhajas y efectos no se harán por más de tres meses, prorrogables por otros tres más. Los préstamos con garantía personal, podrán abonarse por dividendos semanales y se harán hasta por seis meses prorrogables; no se dará sobre las prendas más de la mitad de su valor, según el justiprecio de los peritos; los objetos que no sean desempeñados dentro del plazo estipulado se venderán en pública subasta, con intervención de un martillador público, si hubiere, o de un pregonero.
Se fijó la sede del Monte de Piedad en la ciudad de Quito, bajo la inmediata dependencia del gerente de la Caja de Pensiones.
Con bombos y platillos su inauguración oficial fue el día lunes tres de enero de 1929 y el primer préstamo de ese día, registrado con el número 001, fue concedido al ilustre esmeraldeño Franklin Tello por la cantidad de noventa sucres, con el respaldo prendario de una máquina de coser Singer, que fue un legado de su suegra.
Franklin Tello se vio obligado a realizar esa operación crediticia porque siendo estudiante de medicina en la Universidad Central contrajo matrimonio con Carmen Quirola, en 1928. Su suegra mantenía el hogar con una reducida pensión militar y al fallecer las cosas se complicaron para el joven estudiante.
Con el andar del tiempo llegó a ser un eminente médico y fue ministro de Educación en el régimen de Velasco Ibarra, y ministro de Previsión Social, Trabajo y Salud en el gobierno de Galo Plaza. En la historia de Esmeraldas se lo destaca como uno de los hombres más prominentes.
Un funcionario del Monte de Piedad, hoy jubilado, comentó el caso de un ex Ministro de Gobierno que dejó en prenda una bandeja de plata muy hermosa, y de un ex Presidente de la República que empeñó una condecoración.
Aquello de las condecoraciones presidenciales me trae a la mente lo ocurrido con el periodista, escritor y poeta Diego Oquendo Silva. El presidente Rodrigo Borja Cevallos lo condecoró con la “Presea Honorato Vásquez”, una hermosa joya que aparentaba ser de oro. Inmediatamente del acto formal pasaron al Salón Amarillo para un brindis, luego de lo cual los presentes lo felicitaron uno por uno. De pronto apareció una dama de mediana edad, de unos veinte y cinco años, guapa, falda llamativa y un busto que a Oquendo le recodaba a Sofía Loren o Silvana Pampanini, como aseguró en una entrevista. La dama se acercó y le dio un efusivo y apretado abrazo, que él también correspondió entusiasmado. Luego de unos pocos minutos Oquendo se dio cuenta que la condecoración desapareció y ella también. Borja dispuso en el acto que venga el Sherlock Holmes del Palacio de Gobierno para que investigue el caso. Uno de los presentes presumió que esa mujer fue quien le robó la presea para empeñarla en el Monte de Piedad.
Luego de muchos años, el Monte de Piedad de la Caja Nacional del Seguro Social se expandió a la mayor parte de capitales provinciales. En Cuenca ocurrió el veinte y cuatro de abril de 1954, y en Loja el dieciséis de mayo de 1961, cuya dependencia se situaba a un costado de la Plaza de San Francisco. Recuerdo que para solemnizar dicha creación vino a Loja un alto funcionario de la matriz, y con Leonardo Burneo Valdivieso, que fungía como Director, visitaron los pocos medios de comunicación existentes en la ciudad a fin de informar el acontecimiento.
Junto a él trabajaban Bolívar Arciniegas, tasador; María Antonieta Palacio Riofrío, contadora, y Germán Vélez Arias, guardalmacén.
Años más tarde funcionó en el local de las calles Bolívar y Azuay, en el que se estableció las oficinas de la Delegación de la Caja Nacional del Seguro Social, ya que la edificación propia, situada en la calle Diez de Agosto, entre Manuel Agustín Aguirre y Lauro Guerrero, fue derruida para dar paso a la construcción del Hotel Río Amazonas, que fue el sitio predilecto para las reuniones sociales.
En esa nueva etapa se integró Guillermo Sánchez Moreno como tasador, continuando en funciones María Antonieta Palacio y Germán Vélez Arias, bajo las órdenes de Agustín Aguirre Ruiz, que era el Delegado Provincial.
Comenta Germán Vélez Reyes, prestigioso médico psiquiatra, que su padre, Germán Vélez Arias, creó su propia técnica para el ordenamiento adecuado y eficaz de las joyas, radios, máquinas y tantos otros bienes que se entregaban para respaldar las operaciones crediticias, y que en el ejerció de sus funciones actuó con extremada acuciosidad y pulcritud.
En el quehacer de esa dependencia no faltaron las anécdotas, como la de un señor que quiso prendar el rosario de su fallecida madre, asegurando que está santificado y tiene un incalculable valor afectivo. Guillermo Sánchez, con su característica “chispa” le dijo: aquí no cuenta el valor afectivo sino el valor real de las cosas, le sugiero dedicarse a rezar con ese rosario para que usted también se santifique.
En sus acuciosas investigaciones, Patricio Aguirre encontró un documento muy interesante: el acta del Concejo Municipal de Loja de fecha dieciséis de febrero de 1946, en la cual consta la designación de su abuela Rosadelia Asanza viuda de Aguirre como gerente del Monte de Piedad Municipal, lo que supone la existencia de esa dependencia local crediticia autónoma, que probablemente siguió el modelo estatal y se rigió por la normativa municipal. Patricio cree que quizás fue una de las primeras mujeres en ocupar un cargo público en Loja.
Años más tarde, cuando se expidió la Ley del Banco del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social, el once de mayo de 2009, el servicio del Monte de Piedad pasó a ser administrado por esa entidad, restringiendo la garantía únicamente a joyas.
Cuenta la historia que el origen de los montes de piedad – y consiguientemente de los créditos prendarios – se remonta a la segunda mitad del siglo XV en Italia, por iniciativa de los curas franciscanos, como una forma de servir a los más pobres y combatir la usura. En dicha época era muy usual que los prestamistas cobraran intereses altos por los créditos, del veinte al doscientos por ciento, con lo cual su acceso estaba vedado o era muy restrictivo en cuanto al pago de los compromisos por parte de pequeños agricultores, artesanos, comerciantes y pobres en general.
La labor de los franciscanos cumplía fines caritativos y benéficos ya que la concesión de préstamos era sin interés, garantizados con joyas, ropas, etc. Para lograr su finalidad, obtenían fondos provenientes de limosnas, de ayudas de la Corona y de celebraciones religiosas. No obstante, estos recursos fueron insuficientes y se hizo necesario cobrar intereses, hecho que supuso críticas dentro de la Iglesia Católica. En el Concilio de Letrán, en 1.515, se admitió la posibilidad de establecer un moderado interés entre el cuatro y seis por ciento destinado a cubrir los gastos de administración, siempre y cuando se mantuviere la inspiración benéfico-religiosa de su funcionamiento.
Los Montes de Piedad trascendieron fronteras y aparecieron en España, y desde allí se implementaron en algunas regiones de América, como México, Perú y Colombia. En el Ecuador ocurrió muchos años después, como queda dicho.
A Isidro Ayora Cueva lo recordamos con orgullo y afecto por haber sido el insigne lojano que provocó la más grande transformación institucional que se haya dado en el Ecuador a lo largo de su historia, y haber velado por los derechos de empleados y trabajadores de la patria. En el presente caso, por haber creado una institución que ha beneficiado a miles de ecuatorianos de toda condición social.
