Santiago Armijos Valdivieso
Para abrazar plenamente la solidaridad no basta con tener solo buenas intenciones, sino cristalizarlas mediante acciones que pongan en funcionamiento los engranajes de la bondad. Una bella muestra de lo que digo aconteció el martes 11 de febrero de 2025, cuando el Voluntariado de Solca Loja, inauguró la ampliación de las instalaciones de la Posada de Nazareth para familiares de pacientes oncológicos de escasos recursos económicos.
Previo a ello, se celebró una ceremonia religiosa en la capilla de Solca, núcleo de Loja, dirigida por el Obispo, en la que decenas de damas, ataviadas con petos blancos que reflejan su buen corazón y adornados con un valiente lancero a caballo que lucha contra un dragón (representación de la lucha contra el monstruo del cáncer), doblaron sus rodillas ante el Todopoderoso para pedirle más fuerzas en su incansable empeño de ayudar a los enfermos oncológicos y a sus adoloridos familiares.
Esas inspiradoras muestras de fe eran dulcemente contempladas por las imágenes sagradas de Cristo en la cruz, de la Virgen María y el buen San José. También lo hacía en la parte posterior de la capilla, un colorido mural con las imágenes de Jesús y María practicando la caridad, atendiendo al enfermo y dando de bebed al sediento.
Esto sucedía precisamente en el día mundial de los enfermos, en el que el convulso calendario dedica un espacio para exaltar la inigualable tarea de voltear los ojos y ofrecer los brazos para ayudar a quienes han sido tocados por el sufrimiento y el dolor.
Este evento de espiritualidad dio paso a la ceremonia de inauguración de las nuevas instalaciones de la acogedora posada, integrada por confortables habitaciones y ordenados espacios de descanso, al servicio de quienes llegan a acompañar a sus familiares en la lucha contra el cáncer. Para invocar la ayuda divina, cada cuarto es identificado con el nombre de un santo y las virtudes de este.
A la fecha, y con la integración de los nuevos espacios, la Posada de Nazareth del Voluntariado de Solca Loja está conformado por dieciséis habitaciones que dan cobijo a treinta y dos personas, quienes no solo tienen un techo para descansar y beneficiarse de un desayuno y una cena, sino para sentir el cariño y la solidaridad de las bondadosas damas del voluntariado, presidido por las distinguidas voluntarias Mónica Burneo Mora y Sandra Chejín Bustamante.
Obras como está, cuyo alcance permite seguir creyendo en que aún existe la misericordia y la bondad de la especie humana, nunca han sido fáciles de llegar a buen puerto. Precisamente, este caso confirma esa regla, ya que las damas del voluntariado tuvieron que trabajar muy duro para entregar la nueva posada. Para ello realizaron eventos, recorrieron calles, sacaron dinero de sus carteras, hicieron aportes mensuales y, especialmente, lograron tocar las puertas del corazón de varias organizaciones como el Club Deportivo Gacelas Running Team que financió el techo de la casa de acogida, la empresa informática lojana Nettplus que dotó de internet y la Sociedad de Lucha contra el Cáncer, Núcleo de Loja, que dio en comodato el espacio para la edificación. Vale destacar que entre los agradecimientos más especiales que el Voluntariado dejó plasmado en las placas de reconocimiento que entregó en esa tarde y noche, está el de María Esther Ojeda Jaramillo, por haber sido la voluntaria que administró la obra, sin escatimar tiempo y esfuerzo.
Termino mi columna diciendo que cuando llega la enfermedad le sigue muy de cerca la soledad. Para lo primero están los médicos; para lo segundo existen las bienhechoras damas del Voluntariado de Solca Loja, una suerte de médicas del alma, quienes, con cariño y sin pedir nada a cambio, han cerrado filas en los andamios de la ternura y la solidaridad para servir y aliviar a los que más sufren y menos tienen
¡Para todas ellas mi respeto, gratitud y admiración, siempre!
