Homo Deus: superar la muerte, hasta la vida artificial – VI parte

Por: Lcdo. Augusto Costa Zabaleta

Otto Von Bismark estableció la Seguridad Social y las pensiones, su objetivo era asegurársela lealtad de los ciudadanos, no aumentar su calidad de vida; en 1776 los padres fundadores de Estados Unidos establecieron el derecho a la búsqueda de la felicidad, como uno de los tres derechos inalienables con el derecho a la vida y a la libertad de manera crucial, sin embargo Thomas Jefferson no responsabilizo al estado de la felicidad de sus ciudadanos; en el siglo XX el PIB per cápita era el criterio supremo para evaluar el éxito nacional, actualmente el PIB debería sustituirse por FIB que significa: la felicidad interior bruta.

La producción es importante porque proporciona la base material para la felicidad, pero es el medio, no el fin; si el hambre, la peste y la guerra están desapareciendo, si la humanidad experimenta una paz y prosperidad sin precedentes, y si la esperanza de vida aumenta de manera espectacular, sin duda todo esto hará felices a los humanos; de hecho la búsqueda ciega de dinero, fama y placer, no conseguirá más que hacernos desgraciados y desdichados; en la edad de piedra, el humano medio tenía a su disposición 4000 calorías de energía al día, en la actualidad un ciudadano estadounidense medio utiliza 228000 calorías al día de energía que alimenta no solo el estómago, sino también su automóvil, ordenador, frigorífico y televisor.

Conseguir la felicidad verdadera no va a ser más fácil que vencer la vejez y la muerte, el techo de cristal de la felicidad se mantiene en su lugar sustentado por fuertes columnas, una psicológica y la otra biológica; en el plano psicológico, la felicidad depende de expectativas como nuestra felicidad están determinadas por nuestra bioquímica, más que por nuestra situación económica, social o política, Epicuro dice somos felices cuando tenemos sensaciones placenteras y estamos libres de las desagradables; Jeremy Benthan determina que la naturaleza ofrecía el dominio sobre el hombre a dos amos: el placer y el dolor, y que solo ellos determinan todo lo que hacemos, decimos y pensamos, y John Stuart Mill explica que la felicidad no es otra cosa que placer y ausencia de dolor.

En la época de Epicuro estas ideas eran blasfemias, en la época de Benthan y Mill eran subversión radical, pero en el siglo XXI son ortodoxia científica; según la ciencia de la vida, la felicidad y el sufrimiento no son otra cosa que equilibrios diferentes de las sensaciones corporales; la ciencia dice que la gente se vuelve feliz por una sola cosa, las sensaciones placenteras en su cuerpo.

La evolución nos controla con una amplia gama de placeres; el cerebro produce sensaciones de alerta y excitación; la busca de la felicidad mediante la bioquímica es también la causa número uno de la criminalidad en el mundo; en el 2009 el 38 por ciento de los prisioneros cumplían penas por delitos relacionados con drogas en las cárceles federales de Estados Unidos; las personas beben alcohol para olvidar, fuman marihuana para sentirse en paz y consumen cocaína y metanfetaminas para sentirse poderosos, mientras que el éxtasis les proporciona sensaciones de euforia y el LSD los envía a encontrarse con “Lucy in the Sky With Diamonds”, (Lucy en el cielo con diamantes) razón por la que las autoridades luchan contra el crimen bioquímico.