
“El negro que tumbó el mango embrujado” es una de las leyendas muy conocidas en el cantón Catamayo, su gente aún las recuerda y las trasmite entre generaciones.
Historia
Los cantones lojanos están llenos de leyendas que son consideradas como parte de la identidad ancestral.
Según Virgilio Macas, habitante de la parroquia urbana San José, del cantón Catamayo, relató que según los antepasados en lo que hoy es el barrio las Canoas había un triángulo entre la quebrada de Las Canoas, el Río Chichaza y el camino real que pasaba por el sector, allí junto al camino se levantaba un enorme árbol de mango, quizá el más antiguo del valle.
“Lo sorprendente del árbol es que ya no daba frutos a los vecinos si no sólo a los animales y otros bichos raros, por ser muy alto, frondoso y ruidoso, tapaba el camino al extremo y nadie quería pasar por debajo luego de las 18h00 (6 de la tarde), quien lo hacía escuchaba ruidos, gritos, les botaban frutas y les daba mal aire con dolor de cabeza, nervios y resfríos”, narró.
Los acontecimientos sucedían a diario y la noticia de los incidentes empezó a esparcirse por todo el valle sobre el mango encantado. Un ciudadano conocido como Don Goyo en vista de las quejas del barrio, decidió tumbarlo, pero nadie quería hacerlo por el temor de los duendes y diablos que supuestamente vivían en el mango.
Cierto día, un hombre llamado Luís Modesto que hacía gala de su nombre ‘modesto’, aceptó el trabajo, pero le dijo a Don Goyo “eso le vale una semana de labores” y de inmediato empezó a cortarlo.
“Con cada hachazo caían del árbol todo tipo de aminales hasta que lo tumbó y trozó para la leña. Los duendes y diablos al ver que era un hombre robusto por arte de magia desaparecieron. A la comunidad volvió la tranquilidad y los transeúntes pasaban sin miedo por el sitio donde estaba el mango encantado”, señaló.
La leyenda recuerda que el negro Modesto recibió la maldición que nunca más podrá trabajar y viviría en ocio hasta los últimos días de su existencia.(I).
