
El cóndor andino es una especie de gran relevancia biocultural para los países de la cordillera de Los Andes sudamericanos. Su papel es clave en el ecosistema: actúa como “limpiador natural” al alimentarse de carroña, evitando la propagación de enfermedades y contribuyendo al equilibrio de los ecosistemas de alta montaña.
En Ecuador, el último censo realizado en 2018 contabilizó apenas 150 ejemplares, una cifra alarmante para una población que necesita al menos 600 parejas reproductivas para considerarse saludable. Según Fabricio Narváez, director ejecutivo de la Fundación Cóndor Andino, la situación es crítica: actualmente solo hay entre 40 y 60 parejas reproductivas.
Además de su importancia ecológica, el cóndor andino tiene valor cultural: es símbolo nacional de al menos cinco países, entre ellos Ecuador, donde es reconocido como un emblema de libertad y majestuosidad. También presta servicios ecosistémicos vitales, como el mantenimiento de las fuentes hídricas en los páramos andinos.
Población
Aunque el censo muestra una proporción casi equilibrada entre sexos (48% hembras y 52% machos), preocupa que haya más adultos que juveniles, lo que indica una baja tasa de reemplazo generacional. Para el representante de la fundación, esto significa que hay menos polluelos para sustituir a los adultos que mueren, poniendo en riesgo la continuidad de la especie.
Este escenario se agrava por múltiples amenazas. Una de las principales es el envenenamiento, responsable de varios eventos mortales: entre 2018 y 2019 se registraron cuatro eventos que acabaron con cerca de 20 cóndores, lo que representaba alrededor del 12% de la población nacional. Además, la cacería y los disparos también afectan a estas aves. Según la Fundación, en los últimos 40 años han documentado 137 casos de cóndores muertos o afectados por amenazas humanas, pero solo uno fue judicializado —en Azuay— gracias a que pudieron identificar al responsable mediante fotografías. Narváez lamenta que los vacíos legales dificulten sancionar estos delitos y prevenir nuevos ataques.
Acciones
Para enfrentar esta crisis, la Fundación Cóndor Andino impulsa investigaciones científicas y estrategias de conservación. Uno de sus esfuerzos más relevantes es el seguimiento satelital de 20 cóndores, que permite conocer su ecología de movimiento: dónde duermen, se alimentan y se reproducen. Esta información es complementada con monitoreos de campo para entender mejor su entorno.
Gracias a estos estudios han descubierto, por ejemplo, que los cóndores no permanecen fijos en un solo territorio, pueden desplazarse por áreas de hasta 40.000 km². Un individuo que pasa la noche en el Antisana podría aparecer al día siguiente en Carchi. También desmintieron la idea de que tienen temporadas de reproducción fijas: en Ecuador, los cóndores pueden reproducirse a lo largo de todo el año.
Majestuosos e imponentes
El cóndor andino destaca por su imponente aspecto físico: alcanza una envergadura de hasta 3,3 metros de ala a ala y una altura de entre 1,20 y 1,42 metros. Su peso varía de 9 a 16 kilos, siendo los machos entre 10% y 20% más grandes que las hembras. Así mismo, los machos se distinguen por su característica cresta y ojos color ámbar, mientras que las hembras tienen ojos rojos.
Su reproducción es lenta, alcanzan la madurez sexual alrededor de los 8 años —aunque algunos individuos empiezan a reproducirse a los 14—.
El cortejo es un ritual particular debido a que el macho abre sus alas y realiza una danza rodeando a la hembra, emitiendo sonidos especiales. Si la hembra acepta, producen la cópula y tras 52 a 60 días de incubación nace el polluelo. Este alcanza el 75% de su tamaño a los 6 meses, pero permanece con los padres hasta los 18 meses, periodo durante el cual aprende a sobrevivir. En este contexto, estiman que en Ecuador nacen apenas entre 4 y 6 cóndores cada año.
Recorridos
Los cóndores habitan zonas que van desde los 1.400 m hasta los 4.700 m de altitud a lo largo de Los Andes. En Ecuador pueden ser observados desde el Páramo de Los Chiles, en Carchi, hasta el cantón Saraguro, en Loja. Sin embargo, estudios genéticos muestran que la población ecuatoriana está aislada: no hay conexión con los grupos de Colombia o Perú, lo que incrementa su vulnerabilidad y hace aún más urgente su protección.
“El cóndor andino, majestuoso guardián de los Andes, enfrenta amenazas que ponen en riesgo su existencia. Su conservación requiere acciones inmediatas, compromiso ciudadano y un marco legal que garantice sanciones efectivas para quienes atentan contra este símbolo vivo de la naturaleza sudamericana”, finalizó el director ejecutivo en entrevista exclusiva con Diario Crónica.
