
En Lucarqui, barrio perteneciente al cantón Sozoranga, sus moradores aún toman agua del río Catamayo — un afluente contaminado— y acarrean el líquido vital en acémilas hasta sus casas. El alcalde del GAD Sozoranga afirmó que el proyecto para solucionar la problemática fue presentado al Banco de Desarrollo (BDE) y aspira acceder a un crédito máximo hasta finales de julio e iniciar con la obra.
Circunstancias
El proyecto de agua potable para el sector beneficiará alrededor de 150 habitantes, fue ingresado al BDE para su aprobación, tiene un costo aproximado de USD 188.000, de los cuales el 80% sea financiado con recursos no reembolsables y 15% con dineros del Municipio.
Orli Renán Flores Guerrero, alcalde de Sozoranga, refirió a Diario Crónica que, al conocer de la necesidad urgente de los moradores, hace aproximadamente 6 meses el proyecto está en la Cartera de Estado, pero ha tardado su aprobación del crédito debido a que, “administraciones anteriores obtuvieron créditos y nosotros estamos pagando cerca de USD 40.000 mensuales, pero los atrasos de las asignaciones presupuestarias hacen que caigamos en mora y por lo tanto no pueden prestarnos dinero”.

Recordó que, en el cantón, el 70% de su territorio es comunal, por lo tanto, no paga tributo, tampoco hay mayor actividad económica como empresas, fábricas, por lo tanto, dependemos del 90% de las asignaciones del Estado.
Ante esta situación, con una delegación del barrio Lucarqui acudieron al BDE para conocer el avance de la gestión y hubo varios acuerdos, entre estos, que el Municipio de Sozoranga tratará de pagar las alícuotas de manera oportuna e inmediatamente serán objetos de crédito.
Agua
El burgomaestre explicó que la obra es urgente, pues los moradores toda su vida han venido tomando el agua del río Catamayo, que es contaminada, turbia y con lodo, lo cual es inhumano.
A decir del presidente del Comité Promejoras de Lucarqui, Wilson Sarango, dijo que su barrio en pleno siglo XXI no cuentan con agua potable y con acémilas traen el líquido vital del río Catamayo hacia sus hogares —y en la medida de lo posible, la potabilizan con una plantita llamada Pitaya, quedando apta para consumo humano—.
“Nuestros niños cada vez enferman por la falta del recurso vital o tomar agua en estas condiciones, incluso los padres de familia llenan la cisterna de la escuela para que los estudiantes hagan uso”, añadió.(I).
