
El mercurio, un metal líquido altamente tóxico, sigue empleándose en la minería artesanal para la extracción de oro, a pesar de representar una grave amenaza para el ambiente y la salud humana. Esta práctica provoca la contaminación del aire, agua y suelo, con consecuencias irreversibles para los ecosistemas y las comunidades. Su fácil acceso, especialmente en lugares donde predomina la minería informal, lo mantienen como una práctica común.
Situación
El ingeniero civil Fabián Rodríguez Guerrero, director de la Fundación Cenda y presidente de la Cámara de Minería de Loja, señala a Diario Crónica que el mercurio es un elemento muy complejo de manejar y su presencia es común en la pequeña minería, no solo en Ecuador, sino también en países como Colombia, Chile y Bolivia. Aunque desconoce su precio actual, comenta que en las zonas donde se desarrolla esta actividad artesanal suele ser de fácil acceso, ya que incluso puede adquirirse en ferreterías, en la cantidad que cada persona requiera.

Según el experto, el procedimiento para extraer el oro con mercurio es rudimentario: una vez chancado el mineral, le agregan el mercurio, que atrae las pequeñas partículas de oro formando una amalgama. Luego, esta mezcla es calentada con un soplete de acetileno a altas temperaturas, lo que provoca que el mercurio se evapore. Si no cuentan con una retorta —instrumento que permite recuperar el vapor—, este se dispersa en el ambiente, afectando tanto a los obreros como a las personas que viven cerca de las zonas donde realizan este proceso.
“El mercurio es un metal muy pesado que el cuerpo humano no puede eliminar, lo que provoca enfermedades degenerativas graves. Además, sus partículas son tan pequeñas que pueden ingresar al cuerpo por la piel o al ser inhaladas, y luego alojarse en órganos vitales, sin posibilidad de ser expulsadas”, enfatiza. Por ello, destaca la necesidad de utilizar protección especializada como guantes, gafas y mascarillas, aunque esto no siempre ocurre en la práctica.
La situación no solo afecta a Loja, sino también a otras provincias donde ejecutan la minería ilegal.
El profesional estima que los mineros pueden usar entre 0.3 y 0.5 kilos de mercurio, dependiendo de la cantidad de material que vayan a procesar. Pero, advierte que una parte considerable de este metal termina en los ríos, ya que no logran recuperarlo en su totalidad. “Con el uso de retortas, se puede alcanzar una recuperación del 95%, pero el resto contamina directamente las fuentes hídricas”, detalla.
A la par, alerta sobre los riesgos a largo plazo debido a que el mercurio que llega a los ríos puede terminar alojándose en peces, camarones y otros productos alimenticios como el banano, generando un problema de salud pública si las autoridades no establecen un control adecuado.
“Esta situación también se extiende a las cuencas binacionales como la del Catamayo-Chira y Puyango-Tumbes, donde las aguas que nacen en Ecuador abastecen grandes plantaciones en Perú. Sin control ni monitoreo, el impacto puede ser aún mayor”.
Como alternativa, explica que existen métodos menos contaminantes como la cianuración o la flotación, aunque estas técnicas suelen ser más costosas y complejas, razón por la cual muchos mineros artesanales prefieren seguir utilizando mercurio.
Finalmente, recuerda que años atrás, con financiamiento del Gobierno Suizo, la Fundación Cenda impulsó un proyecto de minería sin contaminación que logró capacitar a operadores de 65 plantas de beneficio mineral en Zaruma, Portovelo y otros lugares de El Oro. Gracias a un estudio de impacto ambiental colectivo —único en el país—, lograron cambiar la metodología de trabajo y reducir significativamente el uso de mercurio. No obstante, revela que actualmente desconoce cuántos gramos o kilos se están utilizando y cuánta cantidad realmente se recupera.
