Por Luis Carrión Mora

Cada año, el cantón Chaguarpamba se prepara con emoción y devoción para conmemorar una de sus tradiciones más arraigadas: las festividades del 5 de agosto en honor a su patrona, la Virgen de las Nieves. Esta celebración, que conjuga la fe, la historia y la cultura del pueblo chaguarpambense, se remonta a épocas ancestrales y ha marcado profundamente la identidad de sus habitantes.
El origen del nombre “Chaguarpamba” ha dado pie a interpretaciones poéticas que se han transmitido de generación en generación. Una de ellas relaciona su etimología con la presencia de nieves que, según los relatos populares, solían cubrir los cerros y montañas de la región, dando un aire místico y espiritual a la zona. Sin embargo, investigaciones más recientes y la memoria campesina revelan que su nombre también hace referencia a la flor del agave o penco, una planta propia de la zona. Específicamente, alude al tallo de la planta de cabuya —conocido también como chamico— que tradicionalmente se ha utilizado en pequeñas construcciones rurales o como armazones en los hogares campesinos. Más allá de las etimologías exactas, lo que se busca rescatar es el valor de las tradiciones orales que sostienen la identidad de nuestros cantones, espacios que han sido históricamente parte de las rutas milenarias del café y que han aportado significativamente a la cultura andina y costera del Ecuador.

Las festividades en honor a la Virgen de las Nieves tienen sus raíces hacia el año 1870, cuando Chaguarpamba aún era parroquia del cantón Paltas. Desde entonces, la devoción mariana ha sido una constante entre los habitantes, quienes agradecían a su patrona por las cosechas y por las bendiciones recibidas durante el ciclo agrícola. Con el paso de los años, esta fe se consolidó, alcanzando un momento clave en 1920 con la llegada del sacerdote Juvenal Jaramillo.
El padre Jaramillo inició la construcción de la iglesia matriz, que hasta hoy se erige como símbolo espiritual en el centro urbano del cantón. Para embellecer la imagen de la Virgen, solicitó los servicios de un tallador, lo que marcó el inicio de un proceso más elaborado de veneración. La imagen comenzaba entonces un recorrido por los barrios de la parroquia, acompañada de actos litúrgicos en los que los feligreses ofrecían productos locales: café, maní, ganado y aves de corral. Estas ofrendas, recolectadas por un recaudador que acompañaba al párroco, constituían la base económica para continuar la construcción del templo.
La iglesia, hoy con más de 100 años de historia, ha resistido fenómenos naturales y representa el corazón espiritual de Chaguarpamba. Fue también el epicentro desde donde se impulsó la fe cristiana en la región. Sacerdotes como José Victoriano Torres Riofrío embellecieron su interior, adecuando el mobiliario y altares que aún se conservan. Más adelante, el párroco Segundo Maldonado Reyes destinó los fondos de las colectas religiosas para fundar la Escuela Particular La Dolorosa —hoy Unidad Educativa Fiscomisional La Dolorosa— y construir la casa parroquial, que sigue siendo la residencia del sacerdote actual.
La fiesta del 5 de agosto también se convirtió en un motor económico y cultural. Comerciantes de provincias vecinas como Loja, El Oro y sus cantones Catacocha, Celica, Zaruma, Portovelo, Balsas y Los Encuentros llegaban a Chaguarpamba para vender productos y abastecerse. Los talabarteros ofrecían artesanías utilizadas en monturas y ajuar de acémilas. La parroquia rural El Rosario era reconocida por la producción artesanal de tabaco, mientras que otras zonas destacaban por el cultivo de arroz orgánico, como La Cría (actual barrio El Triunfo), Cuatro Lomas, El Jardín y parte de Buena Vista.
Sin embargo, el protagonista económico de la época fue el café. Los productores de todo el cantón llegaban en caravanas para vender más de 3.000 quintales de café seco. Las acémilas se alineaban frente a las apiladoras de Rosa Carrión, Víctor Largo y Manuel Celi. En el mismo 5 de agosto, el producto era cargado en camiones con destino al puerto Bolívar, dinamizando la economía local. Con el dinero obtenido —en sucres—, las familias compraban utensilios, animales, y disfrutaban de dulces y golosinas que los comerciantes ofrecían en toldos dispuestos en la calle 10 de Agosto y la plaza central.
La celebración religiosa era amenizada por bandas populares provenientes de El Cisne, Chantaco, Taquil y Chuquiribamba, que llenaban el ambiente de alegría y solemnidad. Esta combinación de fe, comercio y cultura hizo de la fiesta del 5 de agosto un referente en la región.
Un hito clave ocurrió en 1985, cuando Chaguarpamba fue elevado a la categoría de cantón durante el gobierno de León Febres Cordero. El Lic. Silverio Sánchez Campoverde fue el primer presidente del Consejo Municipal. Desde entonces, la festividad ha seguido celebrándose gracias al esfuerzo conjunto del gobierno local, la Iglesia Católica y los propios feligreses.
Hoy, la fiesta del 5 de agosto continúa siendo un punto de reencuentro para los chaguarpambenses que viven en otras ciudades. Es un momento para volver a sus raíces, revivir memorias y compartir con sus familias. Aunque las circunstancias han cambiado —la caída en la producción cafetera por plagas como la roya, la migración, la desaparición del sucre, la dolarización y la escasa atención estatal al agro— el espíritu de Chaguarpamba permanece inquebrantable.
Esta celebración no solo honra a la Virgen de las Nieves. Es también una afirmación de la memoria colectiva, una expresión de resistencia cultural y una invitación a no olvidar el valor de nuestras tradiciones. A través de ella, Chaguarpamba continúa escribiendo su historia, con fe, orgullo y esperanza.
