Cuentos y leyendas de mi tierra: El Colambo y el misterio de su incalculable tesoro de oro   

El cerro Colambo en Gonzanamá y las leyendas que lo rodean.

Las leyendas del cantón Gonzanamá, en la provincia de Loja, están fuertemente ligadas a su historia, su gente y su entorno natural; una de estas, es el Tesoro del Colambo, lugar que trasciende el tiempo y la realidad entreteje con lo fantástico.

Historia

Entre los paisajes de Gonzanamá se ocultan relatos que han ido pasando entre generaciones, despertando el interés tanto de lugareños como de visitantes.

El majestuoso Colambo, fuente de misterio y encanto natural, es el protagonista. Según Benjamín Troya, un adulto mayor de este cantón, relató en exclusiva para Diario Crónica que los habitantes de la parroquia de Purunuma y turistas que suben a las faldas, a más de hacer turismo, también escalan con el fin de buscar sus tesoros, aunque nadie lo ha podido encontrar.

“Las riquezas que guarda celosamente el cerro en su interior, sería de un valor incalculable. Todo iniciaría cuando un rey con mucho dinero, apoderado de la codicia decidió hacer un pacto con el demonio, a fin de obtener mayores riquezas y así poder asegurar una vida mundana llena de lujos”, señaló.

El soberano sellaba las alianzas con sangre vertida del dedo medio de la mano derecha y recibía como parte del trato grandes fortunas, pero a su vez vendía su alma. Él estaba destinado a ser sepultado vivo en la cima del cerro más alto del reino.

“La historia cuenta, que al final de sus días debía pagar su deuda y fue enterrado vivo con su palacio y toda su fortuna en las extrañas del cerro Colambo”, añadió.

Cierta vez, cuatro extranjeros aventureros que ascendían a la cima del Villonaco en busca de vestigios y tesoros, observarían en la cúspide del Colambo una luz brillante e imaginaron que podía ser un diamante o entierro Inca. Atraídos por la ambición de obtener riquezas y fama, inmediatamente acudieron al sitio y en el lugar del avistamiento hallaron una grieta.

Ellos bajaron al fondo de la cueva y efectivamente encontraron el gran tesoro, pero era custodiado por un tigre gigantesco, uno de los extranjeros halló el modo de despistarlo y logró obtener un bastón de oro, subió a la superficie, contó lo sucedido, luego perdió la memoria; sus compañeros asustados inmediatamente abandonaron el lugar y nunca jamás regresaron abrumados por el temor que lo peor les pueda suceder.     

Algunos moradores señalan haber escuchado gritos de desesperación —como pidiendo ayuda— a la medianoche de los martes y viernes, generando temor y miedo, pero nadie se atreve a subir al cerro a esa hora.(I).