
Gracias a su labor pastoral, monseñor Alfredo José Espinoza Mateus se ganó el cariño de los lojanos durante el tiempo en que fue obispo de Loja, desde 2014 hasta 2019. Ese año recibió una nueva misión de guiar la Arquidiócesis de Quito como arzobispo. Sin embargo, su corazón nunca dejó de estar ligado a la castellana, ciudad a la que regresa cada agosto con un propósito muy especial: acompañar la romería de la Virgen de El Cisne, a quien considera parte esencial de su vida y fe.
Sentir
En diálogo con Diario Crónica, monseñor recordó que al despedirse de Loja experimentó dos sentimientos que lo marcaron profundamente: el cariño por la ciudad y su gente, y la devoción especial hacia la Virgen de El Cisne, a quien describió como “la única mujer que me conquistó”. Con ese sentimiento, hizo la promesa de regresar cada 20 de agosto, mientras tenga vida y salud, para participar en la tradicional peregrinación que honra a la Madre de El Cisne.
“Peregrinar siempre exige esfuerzo y sacrificio, pero son esas mismas razones las que los devotos ofrecen a la Virgen, ya sea para solicitar un favor o expresar gratitud”, afirmó. Según su experiencia, cada caminante lleva consigo una historia única, y hasta los niños participan con entusiasmo, motivados por la fe y la devoción que caracteriza a esta romería.
El arzobispo confesó que guarda el pendiente de escribir un libro que recopile esas historias, tanto de los peregrinos como de los atuendos de la Virgen, pues detrás de cada vestido existe un testimonio familiar, un agradecimiento o una petición, que queda plasmada en esta ofrenda tan significativa.
Conmovido, destacó que María es la intercesora ante Dios, aquella que acerca los milagros y bendiciones a sus hijos.
Como obispo de Loja, vivió de cerca la emoción de la ciudad que recibe a la Virgen el 20 de agosto y la tristeza de despedirla el 1 de noviembre. “Es como cuando se va alguien que amamos. Pero siempre queda la certeza de que es nuestra Madre, y esa es una realidad que se siente en el corazón”, expresó.
Finalmente, recordó que caminar con María significa caminar con una actitud de sacrificio y esperanza, especialmente en este año jubilar, donde todos los fieles son invitados a ser verdaderos ‘peregrinos de esperanza’.
