
La presencia de la imagen de la Virgen de El Cisne en la ciudad de Loja ha traído consigo la llegada de cientos de devotos, quienes arriban con diversas motivaciones: milagros concedidos, actos de penitencia o simplemente para expresar su gratitud. Como muestra de fe y agradecimiento, los creyentes llegan desde distintos rincones del país, llenando la iglesia Catedral con su fervor.
El equipo periodístico de Diario Crónica recogió algunas de estas historias, que reflejan el vínculo de los fieles con la Virgen.
Historias
Uno de los testimonios más conmovedores es el de Lorena Uchuari, quien visitó la iglesia para dejar flores como muestra de su devoción. “Tengo un agradecimiento muy grande, ya que mi hijo es un milagro de ella. Cuando nació tuvo una complicación que los médicos decían que no iba a sobrevivir, pero yo lo entregué a ella. Ahora tiene 4 años y 5 meses, está bien y sin problemas”, afirmó. Para la madre de familia, la visita no fue para pedir, sino para agradecer. “Nosotros le debemos muchísimas cosas”, concluyó.
Un caso similar vivió Carmen Cango, quien agradece a la Virgen por su salud. Hace algunos meses estuvo 15 días en cuidados intensivos, pero pudo superar la situación. “Siempre la visito. Cuando era joven hacía la tradicional romería, pero por mi edad y salud prefiero acudir directamente a la iglesia en Loja”, relató.
Entre lágrimas y con un testimonio lleno de fe, Judith Condoy, oriunda de la parroquia El Cisne y residente en Quito desde hace 35 años, compartió que acudió por la recuperación de su esposo, quien estaba al borde de la muerte. “La Virgencita me lo salvó y ahora está sano y salvo. Les digo a los devotos y peregrinos que tengan mucha fe porque todas las oraciones ayudan”, expresó. Sin embargo, manifestó tristeza por regresar a su lugar de trabajo, aunque aseguró que mantendrá siempre su fe intacta.
Otro emotivo relato es el de María Teresa Quizhpe Sangurima, nacida en la provincia del Azuay y residente en Quito. Desde los 12 años, acompaña la romería en sus tres tramos, tradición heredada de sus abuelos. Con el tiempo comenzó a sufrir dolores en los talones que dificultaban su caminar. Encomendándose a la Virgen, recibió ayuda de manera inesperada en un mercado y logró continuar con la caminata. “Yo camino junto a la Virgencita, siempre a su lado”, afirmó.
Estos y muchos otros testimonios reflejan la devoción que la Virgen de El Cisne inspira. Cada peregrino lleva consigo historias de fe, esperanza y gratitud, dejando en Loja un ambiente lleno de unidad.
La visita de la Virgen no solo es un acto religioso, sino también un recordatorio del poder de la fe y la importancia de mantener viva la esperanza en la vida cotidiana.
