
En el último tramo de la tradicional romería de la Virgen de El Cisne, desde Catamayo hasta Loja (37 kilómetros), miles de fieles se unieron al peregrinaje como muestra de fe y agradecimiento por los favores recibidos. Para muchos, caminar junto a la “Churonita” representa un acto de sacrificio espiritual que fortalece su vínculo con la Sagrada Imagen.
Durante el recorrido, la solidaridad se hizo presente. Devotos apostados a lo largo del camino ofrecieron alimentos, bebidas y frutas como muestra de apoyo a los romeriantes. Mandarinas, sandías, agua y platos preparados fueron entregados con generosidad, brindando alivio físico y emocional a quienes decidieron acompañar a la Virgen en su trayecto final.
Este gesto espontáneo de entrega refleja el profundo sentido comunitario que envuelve la romería, donde la fe no solo se manifiesta en la caminata, sino también en el acto de compartir. Los devotos que ofrecieron víveres lo hicieron movidos por el deseo de contribuir al bienestar de los caminantes, reconociendo el esfuerzo que implica esta travesía.
La imagen de la Virgen de El Cisne, venerada por miles de creyentes, continúa siendo símbolo de esperanza, unión y gratitud. La romería no solo moviliza cuerpos, sino también corazones, en una expresión colectiva de fe que año tras año renueva el espíritu de quienes participan.
