
Pasos de fe, promesas cumplidas y corazones agradecidos: esa fue la constante que marcó la romería de la Virgen de El Cisne, una tradición que cada año reúne a miles de devotos de distintas partes del país.
El objetivo fue el mismo: acompañar a la imagen en su recorrido, especialmente en el último tramo desde Catamayo hasta Loja, de 37 kilómetros, que se cumplió el pasado miércoles 20 de agosto.
Uno de los participantes fue Marco Cabascango, oriundo de Otavalo. Aunque desde hace años tenía el deseo de unirse a la romería, fue en este 2025 cuando finalmente lo hizo realidad. Su petición principal fue la salud y, al terminar la experiencia, la calificó como inolvidable. “Salí el viernes de casa para realizar los tres tramos y me voy con la promesa cumplida. Los kilómetros no son nada porque me voy muy feliz”, expresó.
El gesto solidario también estuvo presente. Lilia Ordoñez, junto a su familia y colaboradores, repartió 300 platos de comida a los romeriantes desde la puerta de su casa. Se trata de una tradición que cumple desde hace 39 años, heredada de su madre. “Yo soy solo un instrumento, pedimos colaboración y nos ayudan, unos ponen el trabajo y otros el dinero. Mientras tenga vida y salud seguiré impulsando esta iniciativa y quiero que mis hijos también la mantengan”, dijo, convencida de que su entrega es un acto de gratitud hacia la Virgen.
Por su parte, Julio César Chalá, proveniente de Cuenca, compartió que participa en la romería desde hace 38 años, tradición que heredó de sus padres y que hoy continúa junto a su esposa, hijos y nietas. “La Virgen es muy buena, especialmente para quienes tenemos fe en ella. Esto no se va a perder porque inculcamos a los más pequeños a seguir caminando junto a ella”, manifestó, asegurando que las 11 horas de trayecto no se comparan con todo lo que la Virgen les concede. “Espero volver a Loja el próximo 08 de septiembre para las fiestas de la natividad”, dijo.
La romería es, en esencia, un mosaico de historias: cada persona camina con una petición, una promesa o un agradecimiento en el corazón.
Son relatos distintos, pero unidos por una misma fe, que convierte cada paso en un testimonio de amor y devoción hacia la Virgen de El Cisne.
