Taparuca vive sin perspectivas de redención

César Augusto Correa

Fachada de un edificio de la Asociación de Productores Agrícolas Taparuca, con paredes blancas y detalles en azul.
Casa de hacienda de Taparuca.

Hace medio siglo los arrimados de la hacienda Taparuca la compraron, conquistaron la libertad, se libraron del patrón explotador, comenzaron a trabajar solo en su propio beneficio, pero no han podido salir de la pobreza los que se quedaron a vivir en la misma; son dueños de extensas zonas, pero sin riego, por lo que sobreviven de los cultivos de ciclo corto.

Pasado medio siglo de la reforma agraria, de la abolición del arrimazgo, es preciso analizar las consecuencias para el desarrollo provincial. En la mayoría de los casos los cambios son ampliamente buenos, en tanto Taparuca es una excepción. Luego de observar el terreno no encuentro qué programa podría aplicar el Estado para conseguir niveles de vida dignos.

Toda la hacienda pasó a propiedad de los arrimados, una parte en parcelas individuales y 350 hectáreas en propiedad colectiva de la Asociación de Trabajadores Agrícolas «Taparuca». Los que no emigraron no han podido mejorar sus viviendas, siguen habitando en las pobres chozas de bahareque que tenían antes, estrechas, en hacinamiento, antihigiénicas, incómodas. Los que emigraron sí han podido construir nuevas casas de hormigón armado, pisos de baldosa, claras, con los suficientes ambientes para cada actividad.

Félix Molina, de 77 años de edad, socio fundador de la Asociación, no emigró y todavía vive en la casa que tenía, recuerda vívidamente y con satisfacción el proceso que se siguió para salir del arrimazgo. Agradece a los gobiernos de la Democracia Popular y la Izquierda Democrática que les proporcionaron la electrificación, la letrinización y un sistema de agua tratada, así como la construcción de 3 aulas modernas para el funcionamiento de la Escuela Rubén Darío, que antes tenía un local de bahareque. El plantel tiene 18 niños que cursan los primeros 7 grados de educación primaria y 2 profesores, lo que es causa para que la calidad de la enseñanza sea inferior a la de Cariamanga. Los jóvenes van a estudiar en Cariamanga, a donde se trasladan todos los días hábiles, en busetas pagadas por los padres de familia. Pocos taparuquenses han realizado estudios superiores, por la falta de recursos económicos, no obstante, Félix tiene un nieto abogado y una nieta enfermera.   

José Vicente Pardo Romero, de 90 años de edad, también socio fundador de la Asociación, vive solo, porque sus 10 hijos se fueron de la hacienda, emigraron y están en otros lugares de EE.UU. o el Ecuador; tiene un nieto que es capitán de la Policía y una nieta que es profesora de educación primaria, graduada en el Normal Eloy Alfaro, de Cariamanga. Dice que lo mejor que les dejó la reforma agraria fue la libertad, que antes vivían sometidos a los gamonales, que los arrimados no podían ni acercarse a la casa de hacienda, que los llevaban al cepo si no cumplian la obligación de trabajar gratis la mitad de la semana.

Luis Amador Gualán, de 76 años de edad, no nació en Taparuca, sino que vino y compró una parcela a un exarrimado; es el actual presidente de la Asociación. tuvo 12 hijos. A duras penas cosecha lo mínimo indispensable para el consumo familiar. Tiene que vender algunos quintales de maíz para comprar los insumos, la úrea, los abonos y bienes que no pueden producir en la casa.

«Teníamos agua potable para las 72 familias que pertenecen a la Junta de Aguas, pero en el último invierno se produjo un deslave enorme que se llevó 3 tanques, el clorador y parte de la tubería. Actualmente el agua nos llega directamente desde la captación. Algunos hierven el agua, otros no, estamos llenos de bichos». Han hecho gestiones en el Municipio de Calvas para que se restablezcan las instalaciones necesarias para contar con agua segura y aún no reciben respuesta. Informó que no han detectado ninguna quebrada o fuente de agua que podría servir para construir un buen sistema de riego, a lo sumo se podría aprovechar para pocas hectáreas el caudal de la quebrada Patanuma, siempre que intervenga el Consejo Provincial. No tenían ni idea de la posibilidad de construir grandes reservorios, para almacenar aguas de la lluvia.

En cuanto a vialidad, se han beneficiado con el asfaltado hecho por el Consejo Provincial entre Cariamanga y la comuna Yambaca. En el sitio El Lumo entre Yambaca y el caserío de Taparuca en el invierno pasado un gran deslave se llevó la mesa, interrumpiendo el paso de vehículos. El Municipio de Calvas ha restablecido el paso, que no presenta problemas en estos meses de verano, pero falta la instalación de una alcantarilla de por lo menos un diámetro de un metro, para evitar que las aguas de invierno nuevamente destruya la carretera. Esperan que intervenga el Consejo Provincial para colocar dicha alcantarilla.

En cuanto a salud, los moradores de Taparuca están afiliados al Seguro Social Campesino de Yambaca, donde hay un dispensario médico.

Para la juventud de Taparuca no hay futuro, no pueden quedarse a menos que quieran vivir en extrema necesidad. Los jóvenes se van, bastantes a las minas de Nambija o de Ponce Enríquez.

Taparuca está condenada a languidecer.

Retrato de un hombre mayor con gorra, de pie frente a un edificio, con expresión seria, rodeado de vehículos en un entorno rural.
Señor Luis Gualán.
Retrato de un hombre mayor con una camisa clara y una gorra, sonriendo frente a una pared con fondo desenfocado.
Señor José Pardo Romero, exarrimado de la hacienda Taparuca.
Panorámica del paisaje rural de Taparuca, mostrando casas, caminos y vegetación en una ladera montañosa.
Un aspecto de Taparuca.
Retrato de un hombre mayor con camisa clara, sonriendo y de pie en un entorno al aire libre con vegetación y montañas de fondo.
Félix Molina y otro aspecto de Taparuca.
Patio de una escuela rural en Taparuca, con columpios hechos de neumáticos colgando de una estructura de madera, y un edificio escolar al fondo rodeado de árboles y vegetación.
Los juegos infantiles de la escuela Rubén Darío.
Vista panorámica de la comuna de Taparuca, mostrando casas dispersas en un terreno montañoso con árboles y una carretera de tierra.
Sector que rodea a la escuela Rubén Darío, de Taparuca.