
La Casa de la Cultura Ecuatoriana, núcleo de Loja, abrió sus puertas a un encuentro literario que reunió dos miradas distintas pero complementarias sobre la condición humana. Los escritores Iván Petroff, de Cuenca, y Aminta Buenaño, de Guayaquil, presentaron ante la ciudadanía lojana sus más recientes obras: Travesías, un libro de poesía, y Platos rotos, un volumen de relatos. Ambas publicaciones cuentan con el respaldo editorial de Edunica, sello de la Universidad Católica de Cuenca.
El evento, desarrollado la noche de este jueves 12 de febrero en el auditorio Pablo Palacio, se convirtió en un espacio de diálogo entre autores, lectores y gestores culturales, donde la palabra fue el punto de encuentro para reflexionar sobre temas universales como el amor, la muerte, migración, memoria y la vida cotidiana.
Obras
En entrevista con Diario Crónica, Iván Petroff explicó que Travesías es una obra que rompe con las fronteras tradicionales de los géneros literarios, al combinar textos en prosa y verso.
El autor señaló que el libro propone una mirada distinta sobre las múltiples realidades humanas, abordando asuntos permanentes como el amor, la muerte y la intimidad, pero también preocupaciones contemporáneas que atraviesan a la sociedad actual.
El concepto de “travesía” constituye el eje central del libro. Para Petroff, esta idea no se limita al desplazamiento físico, sino que representa un proceso existencial que acompaña al ser humano a lo largo de su vida. En ese sentido, la obra reflexiona sobre las diversas formas de tránsito que se viven hoy, entre ellas la migración, entendida como una experiencia que transforma identidades y redefine vínculos.
El escritor destacó, además, el valor de la lectura y la escritura como herramientas de crecimiento personal y creativo, accesibles a cualquier persona interesada en explorar nuevas formas de expresión.
Por su parte, Aminta Buenaño se refirió a Platos rotos, un libro de cuentos que reúne textos escritos en distintos momentos de su trayectoria literaria.
La obra se abre con un relato ambientado en la sala de espera de un hospital, donde la muerte es retratada no como un punto final, sino como un estado de tránsito y observación, desde el cual emergen recuerdos, presencias y vínculos no resueltos.
La autora explicó que el libro es el resultado de un proceso largo y fragmentado. Algunos relatos nacieron como borradores hace casi dos décadas, otros surgieron durante la pandemia, y varios fueron concluidos en los últimos años. Esa diversidad temporal se articula bajo la imagen que da nombre al libro: los “platos rotos”, una metáfora de las fracturas inevitables que se producen en la vida y de la necesidad de recomponer, aunque sea de forma imperfecta, aquello que se ha quebrado.
En Platos rotos aparecen de manera recurrente temas como la vejez, soledad y cercanía de la muerte, así como una mirada crítica hacia una sociedad que privilegia la juventud y relega a los adultos mayores. En su obra, los personajes femeninos ocupan un lugar central en los relatos: mujeres que cargan tensiones en silencio, que cuestionan su entorno o que deciden romper con estructuras impuestas.
Según Buenaño, son personajes que expresan su inconformidad desde lo cotidiano y revelan malestares profundos que muchas veces permanecen invisibles.

