SABIDURIA DIVINA

P. MILKO RENÉ TORRES ORDÓÑEZ

La Sagrada Escritura, mensaje de amor de Dios a los hombres, contiene un conjunto de libros sapienciales. Ellos comparten la experiencia cotidiana del hombre que se esfuerza por comprender y explicar aquello que escucha, observa y lo cuestiona. El libro del Eclesiástico, escrito por un maestro, líder comunitario o padre de familia, exhorta a sus destinatarios a vivir su fe y a caminar por el sendero del bien. Conoce los mandamientos de la ley de Dios. Valora sus enseñanzas y los explica con comparaciones tomadas de la realidad: “El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua; extiende la mano a lo que quieras. Delante del hombre están la muerte y la vida; le será dado lo que él escoja”. Los mandamientos son caminos de fe y de realización personal. En ellos vive “la sabiduría infinita del Señor” porque es “inmenso su poder y Él lo ve todo”.

Los mandamientos, recalca el autor de este libro sapiencial, nos libran de caer en el abismo del pecado”. La ley de Moisés recoge, en diez normas, la esencia de una existencia vivida en armonía con Dios y con el prójimo. La sabiduría es luz. La pedagogía divina, como un río que aumenta su caudal mientras continúa en su trayecto, amplía su influencia en los libros que contienen los salmos. Cada uno de ellos, entre la alabanza, la súplica, y el deseo de permanecer en la presencia de Dios, pregona la bienaventuranza de quien cumple la voluntad del Señor: “Dichoso el que es fiel a sus enseñanzas y lo busca de todo corazón”.

La oración del salmista penetra en la intimidad del hombre que necesita beber el agua de un manantial fresco y cristalino: “Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado”. San Pablo, ha cruzado una línea de fuego. El faro, que alumbra con su luz la barca de quienes navegan en aguas tormentosas, es sabiduría divina, “misteriosa, que ha permanecido oculta y que fue prevista por Dios antes de los siglos, para conducirnos a la gloria”. El Apóstol recibió una revelación a través del Espíritu Santo que lo llevó hasta “lo más profundo de Dios”. Pablo, fiel defensor del Evangelio, escribe con claridad a las comunidades que nunca escucharon hablar de Jesús.

Da gracias a Dios por la dicha de encontrar la razón de su conversión: “A nosotros, en cambio, Dios nos ha revelado por el Espíritu que conoce perfectamente todo, hasta lo más profundo de Dios”. El Evangelio, desde la intención de Mateo, muestra a Jesús en su predicación centrada en abogar por el correcto cumplimiento de la ley. Él es la plenitud, el presente de cuanto existe, el hoy de la historia y el adalid del amor y la justicia, en la tierra y en el cielo. Los mandamientos fortalecen las relaciones humanas, desinstalan al hombre de su zona de confort, lo invitan a despojarse del egoísmo, lleno de dureza interior y de incitación al pecado, para mostrarles que Dios ha trazado un camino muy seguro: “Digan simplemente sí; y no cuando es no. Lo que se diga de más viene del maligno”. Jesús ha venido para entregarnos amor, paz, verdad.