
Una colección de 347 libros antiguos, conocida como “La Agustina”, constituye un conjunto de bienes documentales patrimoniales de alto valor histórico para Loja. Con ejemplares que datan de los siglos XVI, XVII y XVIII, este acervo resguarda contenidos principalmente religiosos, académicos y culturales, vinculados en gran medida a la presencia jesuita. Aunque su acceso es abierto, su consulta es controlada debido a su fragilidad, mientras impulsan iniciativas para activar su uso en investigación y producción académica.
Preservación
En diálogo con Diario Crónica, José Carlos Arias, jefe del Archivo Histórico Municipal, informó que el origen del nombre “La Agustina” aún no está completamente definido ya que, pese a su denominación, la colección presenta más elementos vinculados a los jesuitas que a los agustinos. “Probablemente pasó por algún convento o congregación y se quedó con ese nombre, pero los libros tienen muchos anagramas jesuitas”, explicó.
Arias indicó que estos bienes documentales patrimoniales pertenecieron al Colegio Bernardo Valdivieso y posteriormente pasaron por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural. En 2020, mediante un convenio interinstitucional, fueron trasladados al Archivo Histórico del Municipio de Loja con el objetivo de activarlos, ya que permanecieron sin uso durante varios años.
Sobre el contenido, reveló que se trata de textos como tratados de derecho canónico, estudios bíblicos, reflexiones morales y obras clásicas. En ese contexto, mencionó que el tipo de material responde a una dinámica educativa de la época, señalando que el colegio “funcionaba como una especie de seminario”, lo que permite entender la naturaleza de los libros que formaban parte de este fondo.
Como parte de su reactivación, han impulsado proyectos como “El Quijote Lojano”, que buscó vincular a personajes de la ciudad con los libros, utilizándolos como fuentes primarias para la creación literaria. Sin embargo, reconoció que uno de los principales desafíos es que muchos textos están en latín y abordan temáticas especializadas, lo que limita su acceso.
Entre los ejemplares más relevantes destaca El Calepino, un diccionario en latín de 1502 que, según Arias, se convirtió en un referente histórico para la elaboración de otros diccionarios. Este libro es utilizado actualmente en el proyecto “Libro de Oro”, donde transcriben documentos jesuitas entre 1621 y 1768. “Nos permite entender las preguntas y controversias en latín que formaban parte de su formación”, indicó.
Otro texto significativo es Quinta Esencia, de 1732, escrito por Francisco Suárez Rivera, que aborda temas de salud. Este ejemplar ha sido utilizado en procesos académicos, especialmente con docentes y estudiantes del área médica. No obstante, su análisis requiere un trabajo complejo de transcripción e interpretación. “Es un proceso lento, porque primero hay que pasar del latín y luego comprender el contenido”, dijo.
El jefe del Archivo destacó que estos bienes documentales patrimoniales permiten comprender el aporte de los jesuitas en Loja, particularmente en ámbitos como la educación y la salud. Existen registros que evidencian su presencia en la ciudad desde 1727, lo que refuerza el valor de esta colección como fuente histórica.
En cuanto a su conservación, el jefe del archivo manifestó que el Instituto Nacional de Patrimonio recomendó realizar fumigaciones periódicas para evitar el deterioro de los libros, lo que implica una inversión constante. Por ello, aunque la colección está disponible, su acceso es restringido en cuanto a manipulación.
“No está bajo llave, pero necesitamos saber qué tipo de consulta se va a realizar, porque cada manipulación afecta su conservación”, aclaró.
Finalmente, subrayó que el objetivo es que estos bienes documentales patrimoniales no permanezcan únicamente almacenados, sino que sean activados mediante investigaciones. No obstante, añadió que esto representa un reto debido al limitado número de personas con conocimientos en latín.
