Campos Ortega Romero
En 1966, la UNESCO proclamó oficialmente el 8 de septiembre como Día Internacional de la Alfabetización, con el fin de fomentar en la comunidad internacional la alfabetización como instrumento para fortalecer a las personas y sociedades más desfavorecidas, considerando que alfabetizar es más que enseñar a leer y escribir, desde hace 60 años los términos alfabetizar y analfabeta han pasado a abarcar otro tipo de capacidades y habilidades que son necesarias para participar en una sociedad democrática y del conocimiento. La alfabetización es el proceso a través del cual una persona aprende a leer y escribir, se trata de uno de los grandes hitos educativos en la vida de un individuo, ya sea que ocurra durante la infancia o en la adultez, se llama así al indicador demográfico que expresa la cantidad de individuos de un país que saben leer y escribir.
El aprendizaje de la lectoescritura es un peldaño fundamental del proceso educativo y formativo regular de las personas, ya que leer y escribir es la herramienta básica para la adquisición de otros saberes. De hecho, desde la antigüedad clásica se conoció la importancia de la letra escrita para la acumulación y transmisión del conocimiento, así como para el comercio organizado, la difusión de la religión y el anuncio de las leyes.
Para comprender la alfabetización “es fundamental reconocer que el analfabetismo está asociado a las condiciones estructurales de la sociedad: su reproducción está vinculada a las condiciones de pobreza y a la negación de acceso a la educación de calidad para toda la población”, indica el documento Alfabetización y Educación. Lecciones desde la práctica innovadora en América Latina y el Caribe de la UNESCO.
“La definición del término mismo de alfabetización ha sido un campo de batalla en la historia de la investigación y de la práctica educativa”, explica Gregorio Hernández Zamora del Centro para las Américas de la Universidad de Vandervilt, en el artículo “Alfabetización: teoría y práctica”. Desde que comenzó a celebrarse el Día Internacional de la Alfabetización, las investigaciones tanto de instituciones educativas como de centros de estudio han introducido distintas aproximaciones al término alfabetización, entre las que se encuentran: la alfabetización lectoescritora y funcional.
La alfabetización lectoescritora y funcional es la capacidad para utilizar las herramientas necesarias para el aprendizaje, como la escritura, la lectura, la expresión oral, el cálculo y la resolución de problemas; el contenido mismo del aprendizaje, como los conocimientos teóricos y prácticos, valores y actitudes necesarios para que los seres humanos “puedan sobrevivir, desarrollar plenamente sus capacidades, vivir y trabajar con dignidad, participar plenamente en el desarrollo, mejorar la calidad de su vida, tomar decisiones fundamentadas y continuar aprendiendo”, indica el documento de la UNESCO “Aprovechar el poder y el potencial del aprendizaje y la educación de adultos para un futuro viable”.
La alfabetización crítica que conduce a adquirir la capacidad de elaborar un análisis del discurso sobre cualquier tipo de expresión, sea oral o escrita, es la herramienta que define a la alfabetización crítica, introducida en la segunda mitad del siglo XX por el educador brasileño Paulo Freire, el concepto de alfabetización crítica implica que “la lectura del mundo precede a la lectura de la palabra”, como explica el propio Freire en su famoso libro: La educación como práctica de la libertad, es decir que, de acuerdo con esta aproximación, ser alguien alfabetizado críticamente es contar con “la posibilidad, la capacidad y la voluntad de usar lo que se lee en los textos para interpretar su propia vida y el mundo en el que vive”, explica Hernández Zamora en el documento, pensamos que: “El analfabeto del futuro no será quien no sepa leer, sino quien no aprenda a pensar”. Así sea.
