Campos Ortega Romero
Los estudiosos de la canción testimonial, señalan que el mensaje de ella, ha sido un motor fundamental en el desarrollo, la resistencia y la cohesión social de los pueblos, especialmente en América Latina durante la segunda mitad del siglo XX. A diferencia de la música netamente comercial, este género no nace para el entretenimiento, funciona como una crónica social viva que registra la memoria histórica, denuncia las injusticias y moviliza a las comunidades hacia la transformación de su realidad, constituyéndose en una herramienta de cambio social. Durante los años 60, 70 y 80, movimientos como la Nueva Canción Chilena (con figuras como Víctor Jara o Violeta Parra) o el Movimiento de la Nueva Trova Cubana se articularon directamente con los programas de desarrollo y los procesos revolucionarios de la región, la música elevó la conciencia política y verbalizó los problemas comunitarios cotidianos.
Víctor Jara, fue un trovador popular, actor y director de teatro, todo ello permeado por una protesta permanente contra las injusticias del acontecer diario en su comunidad, en su pueblo y en el mundo. No le cortaron los dedos de las manos, ni la lengua como la falsa leyenda extendió por el mundo, pero a Víctor Jara los militares golpistas chilenos le arrancaron su característica sonrisa a balazos (cuarenta y cuatro exactamente) el 15 de septiembre de 1973, en 2026 hace medio siglo del asesinato del más popular cantor chileno.
Como músico, comenzó volcado en el folclore popular, ya como director artístico de Quilapayún e Inti Illimani, Víctor Jara firma su primer trabajo, Pongo en tus manos abiertas, con la discográfica de las Juventudes Comunistas Chilenas, DICAP, en 1969, que incluía Te recuerdo Amanda y títulos como Preguntas por Puerto Montt o A desalambrar. Después, ganaría el primer festival de la Nueva Canción Chilena con Plegaria a un labrador.
Es a partir de 1970, cuando el cantor se dedica en exclusiva a dar voz a los logros de la revolución socialista chilena del gobierno de la Unidad Popular, presidido por Salvador Allende, convertido en un referente para la juventud chilena, Jara sufre la represión brutal de los militares, encabezados por el general Augusto Pinochet, tras la fatídica mañana del particular 11S chileno, convertido en prisionero de guerra junto a miles de estudiantes, profesores, obreros e intelectuales, Víctor Jara es torturado y asesinado en el estadio Chile de Santiago, murió el cantor, pero no su voz, que sigue viva como uno de los símbolos universales de la lucha contra la injusticia y las dictaduras.
No es su asesinato por los militares, en septiembre de 1973, lo que hizo de Víctor Jara uno de los artistas más trascendentes de Latinoamérica, aunque ese hecho le ha dado una enorme universalidad a su nombre, lo que lo consagra definitivamente como una de las más grandes figuras de la cultura chilena es su trabajo artístico y su obra. Víctor Lidio Jara Martínez fue folclorista, director de teatro, parte del elenco central de la Peña de los Parra y trabajó con los grupos: Cuncumen, Quilapayún, Inti-Illimani y Cantamaranto.
En su oficio de músico solista —que inició en 1966, a los 34 años—, compuso y cantó más de 150 temas, que incluyen varios clásicos de la canción universal, como «Te recuerdo Amanda», «El derecho de vivir en paz» o «Plegaria a un labrador», conmovido por una época de una enorme efervescencia social, el cantor representó el sentimiento de búsqueda de dignidad para las clases sociales populares, como militante del Partido Comunista y entusiasta partidario del gobierno socialista de Salvador Allende.
Su voz sigue en pie para recordar a las víctimas de la dictadura y a la dureza de estos años para el pueblo de Chile. Víctor Jara sufrió torturas horribles: le rompieron las manos y le obligaron a cantar, como sugieren algunos testimonios, se recogen unas 56 fracturas y 44 disparos. El lugar de su asesinato ha sido posteriormente bautizado como “Estadio Víctor Jara”. La memoria de aquellos que cómo él, lo dieron todo por la libertad, nos recuerda que ningún régimen autoritario y violento está justificado y que, aunque le quebraran sus manos, su guitarra sigue conmoviéndonos. ¡¡¡Que suene siempre tu voz Víctor Jara !!!Así sea.
