Galo Guerrero-Jiménez
El efecto glotopolítico planetario de las nuevas tecnologías es el que hoy decide cómo se debe aprender en la educación formal y cómo asumir las nuevas formas culturales, en las que “hoy ya no se sabe siquiera qué significa ‘ser culto’: este tipo de lenguaje ha sido exorcizado, paradójicamente, de la cultura. En el preciso momento en que todo ha pasado a ser ‘cultura’, nada puede seguir siéndolo en un sentido realmente significativo. Nuestra cultura del instante y el carpe diem no tiene tiempo para ningún cultivo, puesto que la duración se asemeja no al progreso, sino a la desactualización, de manera tal que todo lo que lleve tiempo genera rechazo. La cultura a de consumirse, no cultivarse; la cultura como trabajo sobre uno mismo se desvanece: el divertimento, y no la adquisición de ninguna autonomía, se convierte en el norte de lo cultural” (Laje, 2023).
En este contexto de la inmediatez, por lo tanto, resulta que la cultura de la educación formal a través de la lectura y la escritura generan rechazo, sencillamente porque estas actividades requieren de tiempo para adquirir una auténtica formación integral: intelectual, estética, hermenéutica y crítico-axiológica. Leer bien, por lo tanto, implica tiempo, atención, concentración y espacios de silencio que las pantallas digitalizadas no le permiten, sobe todo al niño y al joven que, por su edad, aún en estado de madurez psicológica y socio emocional, se dejan atrapar con mucha facilidad, dada la dopamina que su cerebro genera para que se queden abstraídos en los dispositivos móviles, sin que les importe el mundo suyo, presencial, educativo, familiar y ecológicamente contextual en el cual se desenvuelven.
La lectura y la escritura como pilares esenciales de la educación, y bajo los contextos arriba señalados, es más necesaria que nunca. En especial, que todos los ciudadanos, si queremos conformar una sociedad decente, productiva, culta, altamente preparada para enfrentar los retos que la IA hoy nos promueve a utilizarlos, debemos tratar de hacer todo lo posible para evitar este efecto glotopolítico nefasto, preparándonos para que todos podamos acceder a la lectoescritura, entendiendo que, apropiarse de ella implica reconocer que “la comprensión lectora es una puerta de entrada al aprendizaje, a la ciudadanía, a la cultura y a la libertad. Cuando una niña, un niño o un joven no logra comprender plenamente lo que lee, no solamente enfrenta una dificultad escolar, también ve limitadas sus oportunidades para participar, imaginar, crear y construir un proyecto de vida con mayor autonomía” (Diaz-Granados, 2026).
