Luis Pineda
La geografía y el poder se relacionan a través de la geopolítica, que estudia cómo el relieve, los ríos, los mares y los recursos naturales condicionan las decisiones políticas, los conflictos y la economía de los países.
Partamos de la realidad de que el territorio no es solamente un escenario neutro; las fronteras, las ciudades y las vías de comunicación reflejan estructuras de poder y control social.
Además, la mayoría de los territorios tienen montañas, océanos, mares, bosques y los desiertos que actúan como escudos protectores, pero también pueden aislar a una nación y limitar su comercio.
Finalmente, todos los países tienen alguno o varios recursos estratégicos como el acceso al agua, al petróleo, a tierras fértiles, tierras raras, rutas marítimas, terrestres o aéreas que definen qué naciones ejercen mayor influencia global.
En el mundo académico, la geografía política es la rama de la geografía humana que analiza formalmente la unión entre el territorio, la sociedad y el ejercicio del poder.
Con estos antecedentes y con el apoyo del artículo “Desde la ONU una nueva visión del mundo” del Padre Pedro Pierre, vamos a profundizar sobre el tema:
“¡Sí, la diferencia es notoria!… La ONU (Organización de las Naciones Unidas) acaba de aprobar la utilización de un nuevo mapa de la Tierra, más real y conforme a las superficies exactas de los países, porque la representación que hacemos del mundo revela una interpretación de la realidad. Descarta la proyección de Mercator, sustituyéndola por la de Eckert. El mapa lo revela a simple vista: la proyección Mercator de 1569 hace los países del hemisferio norte 2 veces más extensos que el hemisferio sur, desplazando la línea equinoccial. De esta manera se multiplicaba la superficie real de los países nórdicos: por ejemplo, ¡Groenlandia aparece con una extensión casi igual a la de África cuando en realidad es 14 veces más pequeña! La nueva proyección Eckert nos obliga a mirar el mundo de manera más exacta.
Esta decisión fue aprobada en la ONU el 4 de septiembre pasado para “avanzar hacia mapas que reflejen con mayor precisión el tamaño real de los continentes”. La iniciativa, impulsada por países africanos, obtuvo 164 votos a favor, seis abstenciones y solo un voto en contra: el de EE.UU.
Desde finales del siglo pasado, en Paris, Francia, el CCFD (Comité Católico contra el Hambre y por el Desarrollo) va presentando el mapa del cartógrafo alemán Arno Peters, publicado en 1973. Por su opción de ayudar los países del sur, puso el polo sur como ‘norte’ y el océano Pacífico al centro; retoma el lema de los países del hemisferio sur: “Nuestro norte es el sur”.
Para mirar el mundo de manera más justa y ser más solidarios, consigamos este nuevo mapa promocionado por la ONU. Exijamos que los centros educativos sustituyan el mapa tradicional del planeta por este nuevo. Tengamos fotos, afiches y banderas del mapa del CCFD o, a lo menos de, Arno Peters… para decir que existimos, que somos importantes, que tenemos alternativas al sistema neoliberal que nos ahoga y destruye la naturaleza. Sintámonos orgullosos de haber nacido en el sur y sigamos nuestra brújula, fijándonos en las estrellas de la “Cruz del Sur”, porque “nuestro Norte es el Sur”.
