No contesten a los extraterrestres

Por:

JOSÉ PAÚL MOREIRA

josepaulmo@yahoo.com

Si mañana recibimos una señal del espacio, lo peor que podríamos hacer sería contestarles.

Imaginemos que mañana un radiotelescopio detecta una señal procedente del espacio. Una señal repetitiva, estructurada y aparentemente artificial, en cuestión de minutos las redes sociales anunciarían: “¡LOS EXTRATERRESTRES NOS CONTACTARON!”, o “LOS EXTRATERRESTRES NOS ATACAN”, o “LOS EXTRATERRESTRES NOS QUIEREN COMER”, y probablemente, antes de que los científicos terminen de comprobar qué ocurrió, algún iluminado ya estaría preparando la respuesta. Aquí conviene aclarar algo: no existe una prohibición mundial que diga que está “prohibido contestar a los extraterrestres”. Lo que existen son principios y protocolos internacionales de posdetección asociados a SETI, destinados a orientar qué hacer ante una posible detección de inteligencia extraterrestre, ya que es bien conocido lo que ocurre cuando dos civilizaciones se encuentran, no siempre resulta bien, recuerden la TEORIA DEL FILTRO. La lógica es bastante sencilla: primero comprobar, después informar y consultar; pero responder unilateralmente, no.

Primero, demostrar que no somos nosotros: Una señal extraordinaria no se acepta simplemente porque alguien la haya captado. Hay que descartar interferencias terrestres, satélites, transmisores, instrumentos defectuosos y otras explicaciones conocidas.

Después, otros observatorios deberían intentar detectarla de manera independiente: Confundir una civilización extraterrestre con un problema del equipo sería, probablemente, el descubrimiento más espectacular de la historia… y también el papelón científico del siglo.

El verdadero problema comienza después. Supongamos que la señal supera todas las pruebas. ¿Qué hacemos?: Detectarla no significa necesariamente que debamos responder. Enviar deliberadamente una señal sería una decisión diferente: estaríamos transmitiendo hacia otra civilización sin conocer su naturaleza, capacidades, tecnología o intenciones. No existe evidencia científica de que una civilización extraterrestre sea hostil; pero tampoco existe evidencia que nos permita garantizar que sea amistosa, y ahí está el punto. No sabemos quién está al otro lado. Por eso resulta razonable evitar que un individuo, una empresa o un gobierno decida por su cuenta hablar en nombre de toda la humanidad; porque la pregunta sería inevitable:

¿Quién le dio permiso para representar a ocho mil millones de personas?, o

¿Silencio absoluto?. Tampoco se trata de apagar todos los radiotelescopios y escondernos debajo de la cama, se trata de no improvisar; entonces, lo que se debe hacer es:

Primero: confirmar la señal.

Segundo: verificarla independientemente.

Tercero: compartir los datos y comunicar el descubrimiento.

Cuarto: abrir una discusión internacional sobre las posibles consecuencias.

Y solamente después decidir si corresponde responder y cómo hacerlo.

En otras palabras: primero ciencia, después diplomacia y, quizá, comunicación. No al revés antes de pulsar “Enviar”.

La humanidad lleva siglos preguntándose si estamos solos en el universo, y si algún día recibimos una señal inequívocamente artificial, tendremos una oportunidad histórica para responder esa pregunta; pero quizá la prueba más importante no sea descubrir que existe otra civilización; quizá sea comprobar si nosotros somos capaces de actuar como una sola especie cuando aparece algo que ninguno de nosotros comprende; porque si alguna vez llega un mensaje de las estrellas, habrá tiempo para hacer preguntas. Lo que no deberíamos hacer es que alguien encuentre primero el botón de “Responder”.

Si los extraterrestres alguna vez nos llaman, lo mínimo que podemos hacer es demostrar que sabemos pensar antes de contestar.