Educar al soberano

Aquello no es una labor fácil nos referimos a prepararlo, mejor disciplinar al pueblo en su comportamiento frente al coronavirus que viene azotando a la humanidad. En verdad, como un justificativo, se argumenta que no estuvimos preparados para recibir tan terrible flagelo, pero también cabe subrayar la situación angustiosa, por no decir miserable, que soportan las clases menesterosas y olvidadas en el país -hoy es Guayaquil- centro de la pandemia. Esto seguramente será motivo para una temática de narraciones terroríficas y despampanantes que ya están haciendo erizar los cabellos. Pero vaya, no nos apartemos del tema. Sin embargo, para controlar esta plaga se requiere disposiciones rígidas y tinosas que nos permitan salir con éxito de tan tremendo atolladero; pues, de otra manera, puede echarse a perder los buenos propósitos que se persiguen.  Por otra parte, no cabe olvidar, que los meses de cuarentena que llevamos encerrados en nuestros domicilios, como monjes sin vocación, han constituido un duro castigo que no puede pasar por inadvertido, el mismo que se lo viene cumpliendo de manera ejemplar. Empero, por otra parte, un buen número de trabajadores, reclaman y exigen retornar a sus labores diarias; pues, ellos argumentan, viven de su esfuerzo diario, y si no trabajan, sencillamente, no pueden llevar el pan a sus hogares. Indiscutiblemente, es una dura y lacerante realidad que requiere una solución inmediata y preferente. Todo depende, en buena parte, de los resultados favorables que se logren hasta alcanzar y ojalá se reduzca a cero el porcentaje de pérdidas humanas ocasionadas por tan terrible y mortífero virus. En consecuencia, hay que proceder con el equilibrio y ecuanimidad que demanda la hora presente.