Salud, un bien público global

La salud es un bien público en la mayoría de países, sin embargo, para elevar su escala a global se precisa de una decidida e intensiva cooperación internacional, y es precisamente en este punto donde se plantean numerosas incógnitas, más aún, después de que Estados Unidos tomó la decisión de retirarse de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en abril de 2020, dejando a este organismo sin su principal fuente de financiamiento en uno de los tiempos sanitarios más críticos de la historia de la humanidad.
La decisión de Washington se fundamentó en las sugerencias erróneas dadas por la OMS, como su oposición inicial al cierre de fronteras y su supuesta lentitud a la hora de actuar, lo que ha costado innumerables contagios y vidas, eso generó serias dudas sobre si se ha dado el mejor uso a los recursos, sobre todo en lo inherente a Investigación Desarrollo e innovación (I+D+i).
El presupuesto para la OMS en el bienio 2020-21 es de 4.500 millones de euros, Estados Unidos ha sido el principal contribuyente, con cerca del 17%. Tras los norteamericanos están Reino Unido, 7,79%; Alemania, 6,4%; Francia, 4,8%; España, 2,4%; por hablar de territorios fuertemente golpeados por la COVID-19, en contraposición la última contribución de China apenas representó el 0,21 % de los fondos.
No obstante, estos rubros difícilmente alcanzan para afrontar gastos administrativos, por ello se requieren también aportaciones voluntarias de donantes estatales y privados, destacándose la Fundación Bill y Melinda Gates, que aporta, aproximadamente, un 10% a este organismo. Por tanto, no parece aventurado afirmar que la OMS actualmente queda a expensas de la filantropía.
Con la finalidad de revertir ese escenario de debilidad del único organismo creado para afrontar, no sola esta, sino también futuras crisis de igual o peor magnitud, se deben implementar políticas públicas supranacionales de consenso en materia de salud, que permitan transparentar al máximo el funcionamiento de la OMS, pero, ante todo, ampliar ostensiblemente su presupuesto dirigido a I+D+i, con incrementos de aportes de los países en función de sus ingresos y población.
Para que ello ocurra, se necesita previamente determinar un sistema de gobernanza de la salud a nivel global, con énfasis en la prevención y la solidaridad, cuyo objetivo sea la eliminación acelerada de las inequidades sociales y asimetrías territoriales entre países, puesto que ahora más que nunca ha quedado en evidencia que necesitamos habitar un mundo en donde la salud sea un bien público global.