Cien días ¿realidad o mito?

Es una tradición en Ecuador y la mayoría de países hacer la primera evaluación de un gobierno una vez cumplidos 100 días desde que éste asume el poder. Para varias personas, sobre todo periodistas y analistas políticos, es un parámetro mal interpretado, más aún cuando se busca exigir al gobernante de turno obras en tan corto plazo, así también soluciones en días a problemas de años.

Pero, ¿de dónde nace la idea de evaluar un gobierno a los 100 días? Surge en la Francia del siglo 19, exactamente en 1815. En ese año Napoleón Bonaparte regresaba de su exilio en la isla de Elba, y fueron 100 días el tiempo trascurrido entre su regreso y el retorno al poder. Como sabemos luego vino su derrota en Waterloo y su posterior encarcelamiento en la isla Santa Elena. En este lapso los franceses evaluaron si Napoleón había mejorado su forma de gobernar en comparación con su primer período al frente de este país europeo, recordemos que la forma de gobernar Francia de este famoso personaje fue muy autocrática. En esos 100 días Napoleón no demostró firmeza ni compromiso para cumplir lo ofrecido.

Gobernar es diferenciar lo importante de lo urgente y tomar decisiones oportunas y adecuadas. Cuando se gobierna para el “pueblo” hay excesos de populismo, se busca el aplauso instantáneo, se pierde la visión de Estado y los gobernantes se alejan de los objetivos fundamentales.

Juzgar el resultado de la aplicación de políticas públicas en un periodo de tiempo tan corto es poco serio. En cambio, si considero que es un periodo adecuado para delinear el estilo y la forma de gobernar del nuevo mandatario.

Los 100 días permiten medir habilidades políticas del gobierno, poner sobre la mesa las prioridades de cada ministro y la forma de articular con los diferentes niveles del Estado.

En 100 días ”el inquilino de Carondelet” tiene la oportunidad de dar al pueblo ecuatoriano una “primera impresión”. Esa primera impresión permite apuntalar sus siguientes decisiones. Los gobiernos entrantes deben capitalizar el apoyo post electoral, la inercia del triunfo y el beneficio de la duda que siempre se le da al gobierno que empieza.

En 100 días si es posible determinar el estilo de liderazgo, la forma de relacionarse con los ciudadanos, con la prensa y con las diversas fuerzas políticas. Es tiempo suficiente para demostrar habilidad política, olfato, líneas de acción, prioridades y estrategias.

En conclusión, en 100 días se puede evaluar la visión, la gestión política, la inteligencia emocional, la firmeza y la capacidad para hacer alianzas. En 100 días no se puede evaluar la administración, menos aún resultados económicos o sociales.
Lo que los mandatarios no deben olvidar es que para la primera impresión no hay segundas oportunidades.