En los tiempos de Jesucristo existía un estanque, “llamado en hebreo Betesda, el cual tenía cinco pórticos. En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese.
Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo.” (Juan 5).
Excavaciones arqueológicas realizadas desde 1888 permitieron encontrar el lugar descrito en las Escrituras: Los cinco pórticos, las piscinas e incluso un mural del ángel moviendo el agua. No cabe duda, Betesda era un lugar real y fue el escenario de un milagro maravilloso.
Al leer la historia narrada por el apóstol Juan en su evangelio, llama poderosamente la pregunta que le realiza Jesús: ¿Quieres ser sano?, y es que el paralítico había vivido 38 años enfermo, en esas condiciones, ¿quién no lo querría? La respuesta del paralítico es inquietante, en lugar de un rotundo SI, pone una simple excusa para su situación, en todos esos años había hecho muy poco para cambiarla; se había acomodado. Jesús no le pregunta ¿porqué no estas sano?, le pregunta ¿quieres ser sano? La respuesta muestra que el paralítico no quiere renunciar a su mentalidad de víctima. Aunque parezca increíble, prefiere seguir en su situación. Jesucristo en esencia le estaba preguntando ¿Quieres cambiar tu forma de vivir?, ¿quieres dejar tu zona de confort?
Aunque sea difícil de comprender, mucha gente prefiere la comodidad de una vida mediocre a la incomodidad de una vida nueva, por eso la pregunta que el Señor plantea. Frecuentemente, es más fácil criticar, lamentarse o tener auto conmiseración que optar por un cambio, pero llegará el momento en que Jesús, al igual que al paralítico, nos dirá levántate, toma tu lecho y anda. En ese instante deberemos escoger entre obedecer al Señor o quedarnos sumidos en el dolor. El paralítico escogió el llamado del Señor y la palabra dice que inmediatamente fue sanado. En ese momento, todo fue hecho nuevo.
Cuando llegue el momento, ¿obedecerás al llamado?
