Luego de enseñar en Capernaum, Jesucristo decidió ir hacia la otra orilla del mar de Galilea “y entrando Él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué temen, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es este, que aun los vientos y el mar le obedecen?” (Mateo 8).
La historia contada por Mateo, se asemeja a lo que vivimos hoy. Estamos inmersos en la tormenta de la inseguridad, de la violencia, del desempleo, de la pobreza extrema, del reducido acceso a la educación y a la salud, vivimos inmersos en medio de la tempestad y muchos no están preparados para enfrentarla. Surgen los políticos de turno que, prometen cambiar, casi por decreto, una realidad con raíces profundas.
Al igual que los apóstoles, hoy muchos caen en desesperación, pues lamentablemente no saben que el Señor tiene poder sobre toda tormenta. Aunque la solución no esté a la vista, su poder es inconmensurable. Nuestra mirada debe mantenerse en aquel que demostró cuanto nos ama, derramando hasta la última gota de su sangre en la cruz. Jesucristo está con nosotros en la misma barca, Él está a nuestro lado y cuando sea el tiempo, Él reprenderá los vientos y la mar, cambiará toda adversidad y una gran bonanza llegará.
Ante las circunstancias que vivimos, no faltará quien piense que el Señor es indiferente a nuestra realidad, para algunos quizá “duerme”, pero Él siempre está en control. Nosotros debemos hacer nuestra parte: “si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2 Crónicas 7).
Pidámosle sabiduría al Señor para elegir correctamente, dejémonos guiar por Él. Hagamos nuestra parte, Él calmará la tormenta.
